
¿Puede Costa Rica aspirar a mayores niveles de crecimiento y competitividad si una parte importante de su talento afronta más barreras para estudiar, trabajar, emprender o liderar?
Esta pregunta es cada vez más relevante para el futuro del país. Las brechas de género no son únicamente un tema de equidad social: también representan un desafío económico y de desarrollo. Aprovechar plenamente el talento de las mujeres es una condición clave para fortalecer la productividad, la innovación y las oportunidades de crecimiento de Costa Rica.
Los datos lo evidencian con claridad. En Costa Rica, solo el 55% de las mujeres en edad para trabajar participa en el mercado laboral, muy por debajo del promedio de los países de la OCDE, donde este indicador alcanza cerca del 67%. A esto se suma una distribución desigual del trabajo doméstico no remunerado: las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres a estas labores.
También persisten brechas en el acceso al financiamiento. Por cada colón que reciben los hombres en crédito, las mujeres obtienen aproximadamente 0,70 colones. Estas diferencias limitan las oportunidades de emprendimiento y crecimiento económico para una parte importante de la población.
Las brechas comienzan a evidenciarse desde etapas tempranas. Costa Rica ha logrado avances relevantes en el acceso equitativo a la educación; sin embargo, todavía existen patrones que influyen en las oportunidades futuras.
Mientras los hombres presentan mayores tasas de abandono escolar en secundaria, las mujeres –aunque suelen obtener mejores calificaciones, en general– enfrentan rezagos en áreas clave como Matemática. En las pruebas PISA 2022, los hombres obtuvieron, en promedio, 17 puntos más que las mujeres en esta materia. Tales diferencias inciden posteriormente en la elección de carreras y en la participación femenina en sectores estratégicos para la economía.
El caso de las áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) es particularmente relevante. Estas disciplinas son fundamentales para la innovación, la productividad y la competitividad de los países. Sin embargo, en Costa Rica solo el 25% de los estudiantes de Ingeniería y Computación en las universidades públicas son mujeres.
Esto significa que el país está aprovechando solo una parte del talento disponible para los sectores que liderarán la economía del futuro.

Las brechas se vuelven aún más evidentes en el mercado laboral. Una de las principales razones detrás de la baja participación femenina es la carga de cuidados y trabajo doméstico. De hecho, el 97% de las personas que abandona el mercado laboral por obligaciones familiares son mujeres.
Este dato refleja un desafío estructural que requiere avanzar en políticas de corresponsabilidad familiar, fortalecimiento de las redes de cuido (de niños y adultos mayores) y condiciones laborales, tanto para hombres como para las mujeres, que permitan una mayor participación económica femenina.
Además, las brechas también tienen una dimensión territorial. De acuerdo con el Índice de Competitividad Nacional (ICN), que calcula el Consejo de Promoción de la Competitividad, en algunos cantones fuera de la Gran Área Metropolitana, las mujeres tienen la mitad de las probabilidades de acceder a un empleo en comparación con los hombres.
En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y los cambios demográficos, ampliar la participación económica femenina podría convertirse en uno de los motores más importantes de crecimiento para el país, lo que algunos economistas denominan el “bono de género”.
Cerrar las brechas de género no es solo una agenda social. Es una agenda de desarrollo, de competitividad y de futuro.
Cuando más mujeres puedan estudiar, trabajar, emprender y liderar, no solo avanzan ellas: avanzarán sus familias, su entorno y el país entero.
En el Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC) promovemos una agenda que reconozca el enorme potencial que representa una mayor participación de las mujeres en la economía como bono de crecimiento. Avanzar hacia una sociedad con más igualdad de oportunidades no solo es una aspiración legítima, sino también una condición necesaria para fortalecer la competitividad y el desarrollo sostenible de Costa Rica.
Shirley Saborío Marchena es la vicepresidenta ejecutiva del Consejo de la Promoción de la Competitividad (CPC).