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La ciudad como fuente de materias primas

Según afirma el arquitecto medioambientalista Thomas Rau, ‘el verdadero reto no es el cambio climático, sino el cambio de mentalidad’

El manejo adecuado de residuos es uno de los desafíos más grandes que enfrentamos en este momento y en los próximos años. Vivimos con la idea errónea de consumir y utilizar, y después de un tiempo, simplemente desechar, en lugar de encontrar otro uso o intentar crear uno circular.

Utilizamos las materias primas de la tierra como si sus recursos fueran ilimitados. Consumimos, deforestamos y explotamos los recursos para después tirarlos en un vertedero “al final de su vida útil”.

A este principio se le llama cradle to grave (de la cuna a la tumba). En este sistema lineal, tanto las materias primas valiosas como las sustancias nocivas acaban en el medioambiente, y contribuyen a la sobreexplotación de recursos y al cambio climático.

Como remedio al problema, el reciclaje está cada vez más presente en nuestras prácticas diarias. Reciclamos el plástico, reciclamos el papel, reciclamos las piezas antiguas de vehículos. Es una práctica fundamental para el desarrollo sostenible de nuestra sociedad.

Pero ahí mismo viene la pregunta: ¿Por qué nos centramos tanto en el reciclaje de pequeños productos, pero a menudo ignoramos la gestión adecuada de los materiales de construcción?

El sector de la construcción es responsable de la producción de un 60% de los desechos en el mundo y de más del 40% de las emisiones de dióxido de carbono. La fabricación de cemento por sí sola causa el 7% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Un estudio de las Naciones Unidas reveló que en el 2019 el sector de la construcción emitió aproximadamente 10 gigatoneladas de dióxido de carbono, lo que representa alrededor del doble de las emisiones producidas por la industria del transporte.

Por esta razón, a menudo me resulta difícil entender por qué se pone tanto énfasis en la optimización de la industria del transporte, pero se descuida el ciclo de vida de los materiales.

Sin embargo, aunque el sector de la construcción es el mayor emisor de dióxido de carbono y productor de residuos planetario, también es en el que hay más margen para optimizar y mejorar las prácticas para producir un impacto positivo en el medioambiente y dar pasos hacia la economía circular.

De este planteamiento surge la visión de ver la ciudad como un almacén de materias primas y alejarse del pensamiento según el cual, tras la vida útil de los edificios, estos simplemente se destruyen y los materiales se transportan a vertederos.

Componentes principales del hormigón, tales como arenas, grava y otros sedimentos valiosos y finitos, por ejemplo, podrían reutilizarse y tener una nueva vida como materiales de construcción secundarios.

Así es como nace el concepto de la minería urbana, definida como el proceso de recuperación de materias primas de productos gastados, edificios y desechos. Para esto, se necesita una demolición selectiva de los edificios, clasificación, preparación, reciclaje y reutilización de materiales, con el fin de asignarles otra vida útil y regresarlos a un ciclo de vida cerrado.

El ciclo de vida cerrado, en el que los productos se diseñan de forma tal que, al término de su uso original, puedan ser reciclados y devueltos al sistema, se denomina cradle-to-cradle (de cuna a cuna).

El concepto fue utilizado por primera vez en el 2002 por Michael Braungart, y presenta un sistema de ciclos de vida cerrados, en el que se asigna a los materiales una nueva vida útil una vez que han cumplido su función principal.

De este modo podemos utilizar menos materias primas, disminuir la producción de residuos, reducir las emisiones de dióxido de carbono y contribuir a nuestro plan a largo plazo para lograr la carbono neutralidad.

Según afirma el arquitecto medioambientalista Thomas Rau, “el verdadero reto no es el cambio climático, sino el cambio de mentalidad”. De este modo, deja clara la importancia de tomar conciencia de la necesidad de pasar de un uso lineal de los productos a una gestión circular para combatir el cambio climático.

Rau compara las materias primas con las obras de arte, al calificarlas de “ediciones limitadas” creadas por el planeta. A través de esta comparación, hace un llamado a cambiar nuestras prácticas de gestión de residuos y a adoptar el pensamiento circular en el día a día.

Por lo tanto, el sector de la construcción sigue siendo la industria que produce más emisiones y residuos en el mundo, pero también es la que ofrece más posibilidades de mejorar las prácticas y reducir el impacto ambiental.

Es imprescindible considerar las ciudades como almacenes de materias primas que, tras la vida útil de los edificios, se conviertan en una fuente de recursos mediante la demolición selectiva y el reciclaje de materiales.

Es esencial cambiar nuestra mentalidad y asignar un valor circular a los materiales.

trojas@superba.co.cr

El autor es ingeniero civil.

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