Raymundo Macís Delgado. 22 enero

En estas mismas páginas, apareció una buena noticia que pasó inadvertida para muchos, pero llegó al corazón de otro tanto. Es una historia para contar, para aprender, para atesorar y para nunca olvidar.

Es la crónica de un niño de limitados recursos económicos, de La Fortuna de San Carlos, ganador del Gato de la Suerte, juego conocido como raspadita.

Es la narración de una cadena de honestidad mediante la cual comprobamos cómo los valores sobreviven en la Costa Rica buena, auténtica, sencilla y honesta.

Es la historia de un grupo de costarricenses anónimos, elegidos para abrirnos los ojos, refrescarnos la mente y tocarnos en lo más profundo del alma. El pequeño mendigaba. Pidió ¢1.000 a un taxista pirata y fue donde una vendedora de lotería para comprar una raspa.

Él, en su natural inocencia, preguntó si había ganado ¢1.000, pero el monto, ¢40 millones, era suficiente para una casa nueva y dejar el rancho donde vive con su mamá, su hermana y un sobrino porque el padre está en la cárcel.

La vendedora tenía apenas un día de laborar. Ella sueña con ser contadora y, para eso, debe trabajar mucho y estudiar más. Después apareció Marcela Quesada, dueña de un restaurante, interesada en asesorarlos, sin aprovecharse de ellos.

Espíritu de colaboración. Ninguno de los involucrados intentó confundir al niño y, mucho menos, valerse de su inocencia; más bien, se mostraron colaboradores y felices en todo momento, como si fueran ellos los afortunados.

Gracias a la cadena de honestidad, a estas alturas el premio está bien guardado en una cuenta.

La Fortuna de San Carlos hace honor a su nombre: caen meteoritos, pero no estalla el Arenal; algunos pegan el premio mayor, Dios protege la inocencia y todavía queda mucha gente honesta, ángeles terrenales, de carne y hueso, y de buen corazón, los mismos que aparecieron en el camino de este afortunado niño.

Demos gracias a Dios porque aún hay gente buena, trabajadora y honesta, porque no todo está perdido, porque aún queda espacio en los medios para buenas noticias, refrescantes para el alma y ejemplo para todos.

Valores. Demos gracias a Dios porque en medio de la incertidumbre hay valores y actitudes responsables en esta Costa Rica de paz y felicidad. Es buena la oportunidad para saber quiénes somos y de dónde venimos.

Ojalá cultivemos más la solidaridad y todos los valores característicos de esta sociedad, forjada por labriegos sencillos, gente trabajadora y buena.

Gabriela Mistral escribió una vez: “Existe la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir”.

Celebremos y compartamos esta historia para que se convierta en lectura obligatoria, en tema recurrente en nuestras conversaciones y en nuestros corazones.

El autor es abogado.