Kattya Arroyo Guerra. 3 septiembre

He seguido con asombro las diferentes reacciones sobre las palabras del ministro de la Presidencia, Marcelo Prieto.

Si bien su metáfora sobre el autismo fue desafortunada, creo que algunas de las reacciones fueron desproporcionadas y extremas.

Es primordial leer el contexto y saber que la lamentable expresión de Prieto flota en el léxico político desde hace mucho tiempo y se lee en prestigiosos medios periodísticos y discursos varios.

Se convirtió, lamentablemente, en una metáfora recurrente. No lo justifico, pero hay que entender que necesitamos más tiempo y, sobre todo, más educación con respecto al impacto ético que tienen algunas expresiones acerca de algunas condiciones humanas.

Lo que me llama la atención, entre otras cosas, es ver cómo se rasgan las vestiduras algunos sectores y hasta piden la dimisión del ministro por una desafortunada frase, pero no reflexionan ni emiten comentarios sobre los chistes y las expresiones xenófobas, homófobas, machistas y demás exquisiteces del espectro de la discriminación que abundan en la radio y en otros medios.

No conozco al ministro de la Presidencia y no puedo juzgar a cabalidad su capacidad para el puesto que ostenta, pero por sentido común se supone que llegó a ese cargo por algunos méritos y calidades personales. No se toma a la ligera un puesto así.

Descalificar a Prieto por una de sus expresiones, reducirlo a un error —a pesar de que él mismo se excusara minutos después de su intervención con toda la decencia del caso— y menospreciar su valía profesional y personal me parece desproporcionado, ofensivo e inútil.

Las aclaraciones y peticiones de respeto y contextualización del autismo que hicieron algunas personas fueron cabales y sensibilizadoras.

Hay que recordar que todo medio tiene la capacidad de educar, y si el objetivo es ganar comprensión y respeto, se debe trabajar en otros frentes, o bien, aprovechar la oportunidad que este error dio para enseñar sin ofender.

Lo que se necesita atacar es la idea, no a la persona, que bien puede recapacitar y corregir su conducta.

Puedo entender muy bien el sentimiento de las familias que conviven con personas autistas cuando escuchan el término, para este trastorno, usado a la ligera. Pero de ahí a lapidar la imagen de un ser humano considero que es, irónicamente, incurrir en el mismo tipo de ofensa que acusan.

Al buscar justicia a veces vale la pena dejar la retórica hiriente y destructiva y revisar un principio que es común en los antiguos filósofos Confucio y Maimónides, según el cual justicia es, precisamente, sinónimo de benevolencia.

La autora es educadora.