Eric Scharf. Hace 6 días

Los centroamericanos tenemos un valor que podemos exportar al mundo y aún no somos conscientes de ello. Es una cualidad que puede inspirar a muchos: la buena convivencia entre credos y comunidades, y el diálogo interreligioso.

La convivencia no es producto de la providencia divina, es el resultado de decisiones valientes de líderes con coraje, que son capaces de mantener espacios de encuentro desde la diferencia.

San José fue testigo de una de estas experiencias hace unos días, durante la asamblea del Secretariado Episcopal de América Central (Sedac). Ahí, 65 obispos de la región compartieron una jornada con una delegación del Congreso Judío Latinoamericano. Representantes de las comunidades judías de Costa Rica, Panamá y El Salvador relataron sus experiencias en trabajo junto con otras colectividades, expusieron sus perspectivas frente a distintos temas y, sobre todo, compartieron un momento en el marco de la reunión de obispos más importante de la región. Estas acciones reconocen al pluralismo como un valor central para nuestra sociedad, y a la diversidad como un capital social que debe ser cuidado.

Armonía. Es la tercera vez que se reúne una comitiva del Congreso Judío Latinoamericano y el Sedac. Esta constancia, sumada a otras acciones existentes en Centroamérica, como acuerdos académicos, trabajos sociales en conjunto y firmas de compromisos de convivencia junto a otros credos, revela que la armonía de las relaciones entre religiones en esta parte del mundo es hoy una realidad.

Confianza. Esta realidad se construye y mantiene todos los días; demanda predisposición y voluntad de aprendizaje, espacios de encuentro y de reconocimiento. Sobre la base del diálogo se tejen los vínculos entre las personas, lo cual ayuda a construir la confianza, fundamento básico entre interlocutores. Sin este elemento, no hay proceso de construcción conjunta que sea posible y el diálogo se torna complicado. Tal vez estos conceptos nos ayuden a identificar una característica distintiva de nuestra sociedad. Estamos ante un ejemplo de que es posible trascender la fe y convertir la armonía en parte identitaria de Centroamérica.

Esperamos seguir recorriendo juntos este camino de convivencia y servir de inspiración a un mundo que necesita estos ejemplos y experiencias.

Convivir es mucho más que tener empatía, es más que dialogar. Significa valorar las diferencias y enriquecerse de ellas. La tradición judía nos impone el mandato de dejar a nuestros hijos un mundo mejor del que recibimos. Encuentros como el que tuvimos con los obispos en la asamblea del Sedac son pasos para cumplir este precepto.

Miembro de la comunidad judía de Costa Rica y del Foro Interreligioso de Costa Rica.