Pablo Chaverri. 20 enero

La renuncia de la presidenta ejecutiva del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) Patricia Vega Herrera a raíz del lamentable infanticidio de Alajuela, el cual se sumó a terribles casos similares bajo esa administración, ha sido discutida casi solamente desde la perspectiva de la gestión casuística. Se abordan cuestiones como las siguientes: ¿Cómo se clasifican las denuncias?, ¿qué tan rápido se atienden?, ¿cómo se maneja la información? Si bien son significativas, este tipo de preguntas aparecen cuando los casos de violencia infantil ya han ocurrido; además, impeden el surgimiento de otras interrogantes también esenciales: ¿Por qué ocurre la violencia contra los niños?, ¿es posible disminuirla?, ¿cuáles acciones podrían lograrlo?, ¿de qué evidencia se dispone para predecir la eficacia de la acción?

Varios estudios señalan que las acciones educativas dirigidas a enseñar a los padres a criar a sus hijos con estrategias de disciplina positiva funcionan.

Si se hubieran hecho, probablemente se habrían identificado las falencias en la gestión de la ahora ex presidenta ejecutiva, ya que su discurso y sus prioridades se enfocaron en el manejo casuístico y se dejaron de lado los asuntos más estructurales y estratégicos para no solamente atender las manifestaciones de la violencia, sino también tratar las causas y las acciones dirigidas a disminuir el maltrato en todas sus formas.

Modelos. La presidenta saliente solía comparar las oficinas locales del PANI con estaciones de bomberos y, a los albergues, con cárceles. De esta forma, demostró su énfasis en el modelo de la situación irregular, en el cual se busca brindar atención solo cuando hay denuncias de violencia y en separar a los niños de sus familias e institucionalizarlos en albergues.

Resulta crucial preguntar si el modelo ayuda a reducir la violencia y a proteger adecuadamente a los menores. La evidencia científica ha manifestado que los modelos reactivos centrados en sancionar a los padres e institucionalizar a los niños no solo no consiguen disminuir la violencia, sino que también generan más daño que el que se pretende aminorar.

Enseñar a los padres. ¿Cuáles modelos, según los expertos, han obtenido los mejores resultados para reducir la violencia? Varios estudios señalan que las acciones educativas dirigidas a enseñar a los padres a criar a sus hijos con estrategias de disciplina positiva funcionan. Según se compararon los resultados de padres que recibieron atención educativa con los que no, se determinó que quienes se capacitaron lograron disminuir significativamente el uso de la violencia en la crianza, mientras que el resto sigue recurriendo a prácticas inapropiadas.

Las intervenciones de protección integral buscan tratar las diversas causas de la violencia, en lugar de limitarse a las manifestaciones cuando ya hay denuncias y agresiones graves.

Para que haya un descenso significativo en la violencia contra los niños, resulta esencial que el próximo jerarca del PANI abandone el errado modelo de la situación irregular, base sus decisiones en evidencia científica, elija aquellas herramientas y acciones cuyas probabilidades de éxito son insuperables y fortalezca la capacidad institucional para ofrecer una exitosa protección integral que tanta falta les hace a nuestros niños y a sus familias.

El autor es académico.