Andrea Jiménez Fernández. 30 noviembre, 2020

Esta historia comienza en Montenegro de Bagaces, en una casa que por las noches se alumbraba con candelas.

Mi casa estaba llena de colores, animales y texturas. Cosas que quizás alentaban la imaginación de una niña pequeña. Pero aunque ustedes no lo crean, la magia no sucedía en el día, sino en las noches. Cuando los zancudos no nos obligaban a correr a la casa en busca de refugio, veíamos el cielo durante muchas horas.

Ininterrumpidas gracias a la ausencia de luz a lo largo de muchos kilómetros, nuestras noches para ver el espacio eran, sin duda alguna, las más impresionantes.

Vivir en un mundo que quizás solo es puesto en frases por Gabriel García Márquez fue el detonante de una gran aventura: el amor por la ciencia.

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Una noche, la primera vez en que vimos la estación espacial internacional pasar por nuestras cabezas, esa niña un poco rara e imaginativa puso su corazón en el espacio.

Creer que las personas pueden ir al espacio, entender el poder de la tecnología espacial en los instrumentos tecnológicos utilizados en nuestras vidas y soñar con ser parte de alguna forma de este tipo de desarrollos es lo que inspiró a las muchas científicas, matemáticas, ingenieras y tecnólogas del país.

Astronautas e ingenieras. Yo soy ingeniera biomédica, profesión que podría considerarse muy alejada del espacio, pero cada paso que he dado ha sido para llevarme a una meta más grande: crear dispositivos que permitan la vida fuera del planeta de forma sostenible y entendiendo que todos los inventos desarrollados para funcionar en el espacio también beneficiarán a las personas en la Tierra en gran manera.

Es el espacio el que nos da la ilusión a miles de niñas de ser astronautas o ingenieras, de ser grandes científicas y explorar otros planetas.

Es el espacio lo que nos da la chispa que nos hace perder el miedo a lo desconocido, a la ciencia, a lo nuevo. Esa ilusión no nos dirige a todas a trabajar en temas espaciales; algunas deciden laborar en la producción de brasieres inteligentes que previenen el cáncer de mama, en modelos matemáticos para crear algoritmos, en negocios y emprendimientos, en conocer y salvar los océanos, en sueros antivirales, en crear el software necesario para almacenar los datos del censo de todo un país o tantas otras ramas.

Hace un par de años, fui invitada a una pasantía en la NASA; lamentablemente, no pude ir porque no existe convenio para tal fin, y por ser la NASA una agencia gubernamental es sumamente difícil para un extranjero obtener un cupo para estancias de investigación.

Puedo decir sin ninguna duda que fue uno de los momentos más tristes en mi carrera profesional y yo, la niña que soñó con ser científica, decidí dejarlo temporalmente hasta volver a tener la inspiración necesaria para intentarlo de nuevo.

Trabajo de Sandra Cauffman. El profesor Bruce Callow me mencionó hace un par de meses el arduo trabajo que tiene Sandra Cauffman, costarricense directora del Departamento de Ciencias Terrestres en la NASA.

Ella sabe la importancia de la ciencia aeroespacial para las niñas y los niños costarricenses, y ha inspirado a muchísimas mujeres de este país —incluida yo— y tiene en sus manos el convenio i2 listo para ser firmado por el gobierno desde hace más de cinco años.

Ese convenio facilitaría a los estudiantes las pasantías en la NASA y ser la puerta de inspiración de miles de futuras ingenieras y futuros ingenieros.

Por lo tanto, decidí darle seguimiento a este acuerdo y encontrar el mecanismo legal para que pueda ser firmado. El doctor Adolfo Chaves, coordinador del laboratorio de sistemas espaciales del Tec, me contó acerca del proyecto de ley mediante el cual se crearía la Agencia Espacial Costarricense.

Costa Rica cuenta con dos instrumentos sumamente poderosos a su alcance: el convenio i2, para que los estudiantes costarricenses accedan a estancias en la NASA, y la posibilidad de tener nuestra propia agencia espacial para firmar dicho convenio.

Como les conté antes, hay un poder de inspiración en el espacio que puedo asegurar es de los más fuertes que existen en el mundo de la ciencia.

Números prometedores. Aunque considero que la inspiración, los sueños y el poder de la educación científica en el futuro de las niñas y de los niños del país es lo fundamental, los números sustentan las decisiones.

Se espera que el valor de mercado de la industria aeroespacial ascienda a $1,4 millones de billones en el 2030. ¿Se imaginan lo que significaría para la economía costarricense tener un clúster aeroespacial de esa magnitud? Tener los profesionales y mecanismos estatales para que Costa Rica se presente como un país de inversión en la industria es ser parte del desarrollo económico del futuro.

Así como nos promocionamos hace unos años como una nación capacitada para atraer inversión de la industria médica, que actualmente representa cerca del 6,3 % del PIB nacional y genera cuando menos el 8 % del empleo, podríamos igualmente generar y diversificar fuentes de trabajo utilizando el convenio y la agencia espacial como palanca.

La tendencia desde los años noventa es el crecimiento del estudio de carreras de ingeniería. Sabemos que existen muchas causas por los cuales los estudiantes deciden estudiarlas, pero me gustaría compartirles un pequeño dato.

  • Es el espacio el que nos da la ilusión a miles de niñas de ser astronautas o ingenieras, de ser grandes científicas y explorar otros planetas.

La primera misión de Franklin Chang Díaz como astronauta fue en 1986. La tendencia más marcada en crecimiento de los estudios de ingeniería comenzó en 1999.

Es decir, que 13 años después todos los niños que fueron entusiasmados por ese hecho histórico son capaces de influir directamente en el incremento de titulaciones en ingeniería.

¿Cuando comenzó Sandra Cauffman a promover la ciencia, la ingeniería y la tecnología en Costa Rica? Ella comenta que probablemente en 1998, cuando regresó al país por primera vez después de su partida.

En 1999 el promedio de mujeres en ingeniería comenzó a crecer, pero aún hoy son pocas. Si viéramos más costarricenses en la industria aeroespacial, ¿aumentaría la cantidad de graduadas en Ingeniería? Yo creo que sí.

Fuimos de los primeros países en tener luz eléctrica y pioneros en sostenibilidad y desarrollo de suero antiofídico, entre otras cosas. Es hora de que seamos un país del primer mundo, porque tenemos el potencial para serlo.

La autora es ingeniera biomédica.