Las nuevas tecnologías produjeron disrupción en la forma como nos comunicamos e interactuamos. La nueva era rompe los paradigmas en definiciones limitantes de lo que llamamos conocimiento; nuevas herramientas facilitan explotar el potencial de individuos antes relegados socialmente.
El poder de la oralidad, junto con la tecnología, simplifica la transmisión del conocimiento y genera una democratización en el debate diario, desde el coloquial hasta el académico.
Según el Diccionario de la lengua española, leer puede significar muchas cosas. Citaré dos: pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados y comprender el sentido de cualquier tipo de representación gráfica, como leer la hora, una partitura, un plano.
La información y la tecnología se fusionaron, confrontándonos con una nueva forma de comunicación. Estamos ante la duda razonable acerca del significado de la palabra leer.
Para poder leer, primero que todo, debemos identificar símbolos, a los cuales se les da un significado cultural. Esos símbolos varían según país, idioma y dialecto, entre otros factores.
Una vez comprendido ello tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos, a las nuevas generaciones y su contexto, ahora más que nunca acompañado de la tecnología, debido no solo a su fácil acceso, sino también a elementos imprevistos, como la pandemia de covid-19.
Aceptar que leer no es solamente interpretar que M+A es igual a MA, bien se ha aproximado la Real Academia Española al establecer que leer es también la acción de comprender la hora, una partitura, un plano y podríamos continuar con ejemplos innumerables.
Hay una interpretación de símbolos en el uso cotidiano de los aparatos tecnológicos, que por cierto no son tan nuevos ya, pues algunos están con nosotros desde hace mucho tiempo, por ejemplo la máquina de Turing, ¡sí esa misma!, el dispositivo teórico que logró descifrar los símbolos nazis por allá de 1945, finalizando la Segunda Guerra Mundial.
En ese momento se comprendía que solamente un genio como Turing era capaz de lograr algo así, y no era que todos podían utilizarlo debido a su funcionamiento complejo, pero otros genios lo han hecho más asequible a la población, masificando y simplificando el uso.
Resistencia de los niños. Lo anterior me lleva propiamente a mi campo como pedagoga y a la experiencia acumulada. Cada día noto cómo los niños se muestran más resistentes al modelo tradicional de enseñanza, y con toda razón, pues es aburridísimo, no les ofrece nada más que viejas ideas y desinterés.
Su comportamiento es proporcional, en algunas ocasiones, con la utilidad de aprender a leer y escribir; aunque yo misma me he visto en un dilema por enseñar algo que no les emociona, pero necesitan para la vida, trato de sembrar motivación, a veces en vano.
Pensarán que soy una mala maestra o que esos niños tienen malos padres y en sus casas no les inculcan el hábito, pero luego de un tiempo comprendí que aquí no hay culpables: hay un nuevo panorama al cual debemos adaptarnos en nuestra profesión y varios de nosotros también debemos actualizarnos, como lo hacen las nuevas interpretaciones de los símbolos.
Los niños logran descifrar símbolos desde muy pequeños. Muestre a un bebé una cuchara y, si tiene hambre, él mismo buscará sujetarla porque sabe lo que ese utensilio representa: comida.
Vamos sumando años: un niño aún pequeño con un libro de cuentos ilustrado nos narrará una historia según la secuencia de las imágenes. Ellos también están ejercitando la lectura y se cumple el propósito, que es transmitir el conocimiento de generación en generación.
Aclaro que no resto valor al hecho de leer como se ha considerado tradicionalmente. Históricamente ha sido un recurso inmensamente valioso para recopilar los sucesos y los conocimientos, tal vez el más crucial, pero debemos admitir el hecho de que aparezca otra simbología, la cual manejan las generaciones nacidas con una tableta, un celular inteligente y una computadora.
Esta nueva plataforma tampoco les resta valía; es simplemente una forma diferente de descifrar símbolos y leer.
Algunos ya me cuestionarán: ¿Y la acción de escribir? Bueno, escribir es la capacidad de producir, conste, no de transcribir, que es solamente copiar; así que es la única idea que hemos tenido por mucho tiempo, según la cual escribir es igual a M+A.
Esta única forma de comprender la escritura es terriblemente errada porque limita a las personas capaces de producir, inventar, innovar, y las etiqueta como analfabetas, sinónimo en nuestro contexto social de personas que carecen de “valor”.

Innovadoras formas de comunicación. De modo que, si alguien puede producir ideas nuevas a través de las innovadoras formas de comunicación que nos ha implantado la tecnología, que por cierto es más fácil y universal, también está escribiendo cuando crea mensajes, aunque no sean escritos.
No debemos caer en el error de desechar a las personas brillantes y sus ideas por culpa de una sociedad que no se ajusta a los cambios con la velocidad requerida. No es solo un asunto educativo, es también uno de derechos humanos.
Tenemos la obligación de dejar de llamar despectivamente analfabetos a quienes no interpretan M+A. El miedo nos paraliza, pero lo peor de todo es el poder que se nos otorga de paralizar a otros como pedagogos, y hago un llamado vehemente para dejar de subestimar la capacidad de nuestro mayor órgano intelectual: el cerebro.
Estamos en la necesidad de comprender que muchos dispositivos y aplicaciones tienen disponible el uso de la oralidad, con grabaciones, mensajes de voz, transcripción de un mensaje oral a la forma escrita, los cuales inicialmente fueron diseñados para las personas con una visión limitada, pero todos los utilizamos hoy alguna vez, porque nos ahorran tiempo y facilitan el acceso al conocimiento.
Más que nunca, una sociedad pluralista debe promover el libre intercambio de conocimiento, por cualquiera que sea la vía.
Quien no pueda interpretar símbolos (como el de micrófono, señal de wifi o el clip para adjuntar archivos) y no logre utilizarlos, aunque sepa “leer y escribir”, comprendiendo ello como M+A, se verá limitado en un mundo que demanda nuestra transformación, y nos hace quedar como desactualizados, si no nos ajustamos a la velocidad en que aparecen las oportunidades y las nuevas herramientas para compartir nuestra visión, ideas y sueños.
maria.barrera.segura@mep.go.cr
La autora es docente de apoyo itinerante en discapacidad intelectual.