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Foro: Año de aprendizaje intenso

Si la pandemia no nos susurra que el camino es la solidaridad, la vacuna no nos sanará; esta experiencia nos enseña la fragilidad del ser humano y lo banal de muchos de nuestros afanes

2020, año en que internacionalmente hemos visto de lo peor que es capaz el ser humano, donde la solidaridad desaparece y el odio y el egoísmo se magnifican —probablemente los denominadores comunes de lo que realmente es el pecado—, quedando silenciado e invisibilizado todo el bien que existe. En cada rincón del planeta es más el bien que el mal y por eso sobrevivimos hasta ahora.

Mucha gente dice que esto es cíclico y que estamos condenados a repetir la historia, a lo Nietzsche, pero tiene y quiero pensar que es posible otro mundo más cercano a las verdaderas necesidades más íntimas de toda la humanidad.

En nuestro país hemos vivido la experiencia de un recambio político con la esperanza de un verdadero cambio de casi 30 años de políticas neoliberales que han acentuado algo peor que la pobreza, que es la desigualdad pornográfica.

Ahora no solo se es pobre, sino que se establecieron dos o tres Costa Ricas, productoras de tensiones internas y, en donde no solo la desigualdad en la distribución del ingreso polariza a la sociedad, sino que se ve permeada por el no tan nuevo componente que es la penetración, en todas las esferas, del narcotráfico.

Hacer un cambio en estas condiciones no puede ser fácil, más aún si las personas que están en el barco quieren ser capitanes y el capitán autorizado se ha mostrado dubitativo y cuando no hay un norte compartido, por la mezcla de intereses a nivel de la toma de decisiones políticas. Probablemente uno de los errores más importantes que se le pueden achacar a nuestro presidente.

Sin embargo, no puede olvidarse que muchos votamos por el cambio y este cambio debió haber sido un retomar las más profundas raíces del ser costarricense y volverlas a poner en primer lugar. Enorme tarea que queda pendiente.

Si la pandemia no nos susurra que el camino es la solidaridad, la vacuna no nos sanará; esta experiencia nos enseña la fragilidad del ser humano y lo banal de muchos de nuestros afanes, cuando no ponemos en primer lugar el amor, la enseñanza básica y fundamental de todos los grandes maestros.

Año 2021, año de esperanza, de la vacuna y de que surja urgentemente un nuevo orden social, más justo y humanitario, que garantice nuestra supervivencia.

morabecr@gmail.com

El autor es médico pediatra.

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