
Los últimos 37 años de mi vida los he dedicado a la investigación con jaguares en varias áreas protegidas de Costa Rica. Mi equipo de trabajo en la Universidad Nacional (UNA) y yo hemos publicado muchos artículos sobre la ecología de este animal en los bosques tropicales. Conocemos bastante bien su ecología y comportamiento y lo que representa para el equilibrio en nuestros bosques.
Por ello, me da pena ajena cuando escucho al señor presidente o alguno de sus seguidores hacer un ruido extraño, simulando, según ellos, el rugido de un jaguar. Lo primero que me viene a la mente, cuando eso pasa, es que nunca han estado cerca de uno de ellos y mucho menos han escuchado el sonido que emiten.
El jaguar es el tercer felino más grande del mundo y el más grande de América. Se encuentra solo en el continente americano, originalmente desde el norte de Argentina hasta el sur de los Estados Unidos, aunque, desgraciadamente, su distribución actual es discontinua debido sobre todo a la destrucción de su hábitat y la cacería.
Este felino es solitario y solo se ve con una pareja cuando están en periodo de apareamiento o cuando tienen crías. Son, por tanto, pseudojaguares o falsos jaguares quienes han osado llamarse así dentro de un partido político en Costa Rica. Yo los llamo jaguares falsos porque son la antítesis de lo que estos animales representan en la naturaleza.
Me da vergüenza escucharlos, pues el jaguar es un animal poderoso, respetado como un animal mágico por nuestros indígenas en Mesoamérica. Muchas personas que se autodenominan jaguares no solo nunca han visto uno de estos ejemplares en el campo, sino que ignoran que es una especie en peligro de extinción; mucho menos han movido un dedo para apoyar su conservación en nuestros bosques.
En Costa Rica, usamos un doble discurso: por un lado, hablamos de un país verde para atraer turistas, pero, por otro, dejamos que nuestros recursos naturales desaparezcan por el uso ilegal que de estos se hace en muchas de las áreas silvestres protegidas. Debemos comenzar por ser consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos.
Conociendo el comportamiento de este animal en el bosque, quien se atreva a llamarse o a representar a un jaguar debería trabajar en el fortalecimiento de la educación, de la salud, a través de la Caja Costarricense de Seguro Social, de las instituciones encargadas de la seguridad, de la justicia y, por supuesto, de la conservación de la biodiversidad. Los jaguares no son criaturas que deambulan por los bosques sin razón alguna; por el contrario: son garantes del equilibrio en la naturaleza.
Si se atreven a autodenominarse jaguares, dejen de payasear y encárnenlo bien, dedíquense a desarrollar proyectos positivos, consecuentes con el equilibrio que representa ese animal en la naturaleza. Los seres humanos somos custodios del mundo y de la naturaleza que nos rodea, somos parte de un sistema, y si el sistema falla, estamos destinados a la extinción como cualquier otra especie en el planeta.
Debemos ser consecuentes con lo que hacemos y lo que decimos. A quienes utilizan el nombre del jaguar con el único fin de llamar la atención, debería darles vergüenza si tal estrategia no se acompaña de un verdadero compromiso de conservarlo a él y a sus especies relacionadas.
Trato de ser positivo y me gusta visualizar el futuro de nuestro país y nuestro planeta; sueño con gente educada, que entiende que lo que estamos haciéndole al ambiente nos está llevando a la extensión como especie. Sueño con un planeta verde, en el que el ser humano respete a las criaturas con las que convive. Tal vez yo no lo voy a ver, pero es lo que quiero para las nuevas generaciones. Por favor, comencemos por ser consecuentes entre lo que decimos y lo que hacemos.
ecarrilloj@gmail.com
Eduardo Carrillo es académico ‘ad hoc’ del Instituto Internacional de Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional (UNA).