
El Consejo Técnico de Aviación Civil (Cetac) ha perdido, desde hace muchos años, gran parte de su verdadera esencia técnica. Resulta difícil comprender cómo un órgano encargado de tomar decisiones tan delicadas y trascendentales para el futuro de la aviación nacional está integrado, en su mayoría, por personas que muchas veces no poseen experiencia real en aviación y provienen de áreas administrativas, políticas o profesiones completamente ajenas al mundo aeronáutico.
Esta realidad provoca que decisiones fundamentales para la aviación costarricense terminen siendo analizadas y votadas por personas que, en muchos casos, desconocen la complejidad operacional, técnica y estratégica de esta industria.
Lamentablemente, durante décadas el Cetac también ha sido percibido como un espacio utilizado para nombramientos políticos, donde, en ocasiones, parece tener más peso el vínculo partidario que la verdadera experiencia aeronáutica. La sensación dentro del sector es que algunos puestos han terminado ocupados por personas sin el conocimiento técnico necesario para comprender la enorme responsabilidad que implica dirigir la aviación civil de un país.
Más preocupante aún es el papel actual del director general ante el Cetac. Hoy, el director termina funcionando prácticamente como un simple secretario, con voz, pero sin voto, limitado muchas veces a presentar informes y ejecutar decisiones tomadas por otros. En lugar de ejercer una verdadera autoridad técnica y ejecutiva, queda subordinado a un órgano colegiado que frecuentemente carece de la experiencia aeronáutica necesaria. Inclusive, algunos de los pocos profesionales técnicos que han ocupado la Dirección General terminan atrapados en la misma dinámica burocrática y política que afecta tanto al Cetac como a la propia Dirección General de Aviación Civil (DGAC), lo que hace que se pierda la capacidad de liderazgo técnico que la aviación costarricense necesita urgentemente.
Quienes hemos estado involucrados en la aviación durante décadas conocemos perfectamente este y muchos otros problemas más. Sabemos que, dentro de la estructura actual, las frases más comunes son: “no se puede” o “eso tiene que ser estudiado por la parte legal”. Mientras tanto, la Dirección General de Aviación Civil se ha convertido en una verdadera represa burocrática donde algunas resoluciones técnicas tardan meses en avanzar.
El actual director ha intentado corregir parte de estos problemas y modernizar ciertos procesos; sin embargo, la realidad es que tiene las manos atadas por un sistema excesivamente burocrático, lento y desordenado. Como he dicho siempre, ni trayendo a los administradores aeronáuticos más prestigiosos del mundo podrían lograrse cambios profundos mientras continúe existiendo esta maraña de leyes, trámites y estructuras que asfixian cualquier intento serio de modernización.
Costa Rica debe avanzar hacia una transformación profunda de su estructura aeronáutica, fortaleciendo una Dirección General de Aviación Civil verdaderamente autónoma y técnica. La DGAC debe estar encabezada por un director general con autoridad técnica y ejecutiva plena, capaz de tomar decisiones ágiles y fundamentadas en criterios estrictamente aeronáuticos, sin interferencias políticas ni excesos burocráticos.
Asimismo, esa autonomía debe extenderse a toda el área técnica de la institución. Esta debe fortalecerse de manera integral para evitar la pérdida constante de recurso humano especializado y garantizar que los procesos de certificación, vigilancia operacional, inspección y supervisión se desarrollen con verdadera seriedad técnica, eficiencia y agilidad administrativa.
La aviación moderna exige procedimientos expeditos, personal altamente capacitado y una estructura técnica sólida que permita responder oportunamente a las exigencias nacionales e internacionales del sector aeronáutico. Sin embargo, en la DGAC actual existe una desproporción preocupante entre el personal administrativo y el personal técnico. Aproximadamente un 90% corresponde a funciones administrativas y apenas un 10% pertenece al área técnica. ¿No es acaso ahí donde podemos comenzar a entender gran parte de lo que está ocurriendo?
La aviación civil es, ante todo, una actividad profundamente técnica. Sin embargo, con el paso de los años, la estructura institucional parece haber crecido más hacia la burocracia administrativa que hacia el fortalecimiento de las áreas operacionales, de inspección, certificación, vigilancia y seguridad operacional. Esa realidad termina generando lentitud, exceso de trámites y debilitamiento técnico, precisamente en una industria donde las decisiones deben tomarse con conocimiento especializado, eficiencia y rapidez.
El director general, además, debería ser escogido mediante una terna donde prevalezcan, claramente, la experiencia aeronáutica, la capacidad técnica y el conocimiento real de la industria. No se trata únicamente de ocupar un cargo administrativo, sino de dirigir una actividad altamente especializada y estratégica para el país.
Debe ser una persona dinámica, con liderazgo, capacidad de ejecución y visión moderna de la aviación. Y, por supuesto, en pleno siglo XXI resulta indispensable que domine el idioma inglés, herramienta fundamental dentro de una industria globalizada donde gran parte de la regulación, documentación técnica, coordinación internacional y comunicación aeronáutica se desarrolla en ese idioma.
La aviación no puede dirigirse bajo criterios improvisados ni mediante estructuras excesivamente burocráticas. La aviación requiere conocimiento, experiencia, rapidez y visión técnica. En la práctica internacional, la autoridad aeronáutica suele recaer en un director o autoridad técnica con amplias potestades para decidir y ejecutar. No resulta lógico que un director especializado deba depender constantemente de un órgano compuesto mayoritariamente por personas sin formación aeronáutica para poder avanzar en decisiones estratégicas.
Ojalá que esta nueva administración que inicia tome estas palabras como lo que realmente son: un consejo respetuoso y un aporte sincero de quienes hemos vivido la aviación desde dentro durante largos años.
El único propósito de esta reflexión es aportar un grano de arena para que la aviación costarricense finalmente pueda empezar a despegar hacia el nivel técnico, moderno y eficiente que el país merece.
Costa Rica no puede continuar rezagada bajo esquemas administrativos que pertenecen al pasado. La aviación nacional merece una autoridad verdaderamente técnica, moderna, eficiente y capaz de responder a los enormes retos que enfrenta una industria vital para el desarrollo económico, turístico y estratégico del país.
Luis Fernando Bruno Guzmán es piloto pensionado.