La verdadera expansión de un aeropuerto no se limita a construir más tiendas, aumentar la cantidad de salones VIP o ampliar la zona de migración. Eso solo mejora la experiencia del pasajero, pero no resuelve los límites estructurales del aeropuerto.
Una expansión real debe comenzar por optimizar la infraestructura aeronáutica esencial: las pistas de aterrizaje y las calles de rodaje (taxiways). Estas son las que permiten el arribo masivo de aeronaves de gran capacidad y alta frecuencia.
Nuestro aeropuerto internacional Juan Santamaría tiene una sola pista que, desde hace décadas, no cumple con los estándares modernos de capacidad y operaciones eficientes. Su ubicación geográfica –en un valle rodeado de montañas– genera limitaciones en cuanto a:
• Distancia y configuración entre pista y calles de rodaje
• Capacidad para operaciones simultáneas
• Sistemas avanzados de aterrizaje en condiciones de baja visibilidad (Low Visibility Operations)
• Seguridad y eficiencia en condiciones meteorológicas frecuentes en la zona
Estos cuellos de botella técnicos nos mantienen parcialmente aislados del mundo. Nos impiden recibir el volumen de pasajeros, carga y rutas internacionales que el país necesita para dar un salto real en turismo, comercio y conectividad.
Los beneficios de una verdadera infraestructura aeroportuaria (ya sea una ampliación profunda o un nuevo aeropuerto) serían enormes: más vuelos directos, aviones más grandes y eficientes, mayor carga aérea, generación de empleo de calidad y un impulso estratégico al desarrollo económico del país.
Conclusión: Seguir invirtiendo solo en la terminal mientras se ignora el “lado-aire” es como ampliar la sala de una casa sin reforzar los cimientos.
Costa Rica necesita una solución seria y de largo plazo. Un nuevo aeropuerto ya no es un lujo; es una necesidad estratégica de nación.
osvaldodambrosio@me.com
Osvaldo D’Ambrosio Matarrita fue piloto de transporte por más de 40 años; actualmente, ya jubilado, es inspector de operaciones con certificado ICAO.