
Hace unos 70 millones de años, islas volcánicamente activas se situaban a centenares de kilómetros al occidente de la actual Costa Rica. En repetidas ocasiones, emergieron y fueron destruidas. Sin embargo, hace unos 40 millones de años su persistencia permitió que comenzaran a conformar un territorio insular que, a partir de unos 15 millones de años atrás, empezó a transformarse en un archipiélago.
El geólogo, entrenado para ser forense y detective del pasado, estudia los fósiles como pruebas inequívocas de la vida pretérita. En el ámbito nacional, el primer vertebrado fósil fue recolectado por Augusto Thiel en el territorio de los guatusos en 1888. Desde entonces, se han identificado más de 70 sitios con centenares de vertebrados fósiles en diversas partes del país. En su mayoría, se trata de hallazgos casuales realizados por acuciosos lugareños que, en gran parte, fueron donados a instituciones nacionales como un legado para los costarricenses, muchos de los cuales aún no han nacido.
Hace aproximadamente 2,8 millones de años, el archipiélago se convirtió en una verdadera autopista biológica: el llamado Istmo centroamericano, que unió Suramérica –biológicamente aislada durante unos 40 millones de años– con Norteamérica. Este proceso no solo cerró el paso de las corrientes marinas entre el Atlántico y el Pacífico, sino que también desvió el flujo de las aguas hacia el norte, transportando mayor humedad, materia prima para la formación de grandes masas de hielo en el subcontinente norteamericano.
Por otra parte, la erosión de grandes cordilleras como los Himalayas, los Alpes, los Andes y las Montañas Rocallosas –formadas por el choque de placas tectónicas millones de años atrás– generó enormes volúmenes de sedimentos. Estos actuaron como captadores de dióxido de carbono de la atmósfera, lo que influyó en el efecto invernadero. El resultado fue una verdadera montaña rusa climática, con periodos gélidos (glaciaciones) y cálidos (interglaciales).
En medio de este contexto, el puente terrestre de América Central favoreció uno de los acontecimientos más importantes en la historia de los mamíferos y las plantas: el Gran Intercambio Biótico Americano. De forma indirecta, al otro lado del “gran charco”, estos cambios climáticos también impulsaron a nuestros antecesores a colonizar las sabanas africanas –la patria de la humanidad– y a evolucionar hasta lo que hoy somos: un verdadero asesino ecológico en serie.
Como consecuencia de este puente terrestre, hoy disfrutamos de una enorme biodiversidad y geodiversidad.
Los recientes hallazgos en Cartago se suman a muchos otros que documentan una variada fauna que se remonta a unos 20 millones de años. Entre los organismos acuáticos, se encuentran delfines, tortugas, cocodrilos, cetáceos y peces, incluido el gigantesco tiburón megalodón, que podía alcanzar unos 24 metros de longitud.
A estos se agregan organismos terrestres más recientes, entre ellos tortugas, perezosos gigantes, caballos de diversos tamaños, camélidos, armadillos gigantes, carnívoros, toxodontes y proboscídeos, animales emparentados con los elefantes actuales. De estos últimos, se han identificado al menos tres especies: una con cuatro defensas (“colmillos”); otra, un mastodonte similar al elefante asiático; y el mamut colombino.
La mayoría de estas especies se extinguieron. Las causas son diversas, pero convergen en tres factores principales: los cambios climáticos y la incapacidad de muchas especies para adaptarse; la migración de depredadores provenientes de Norteamérica, que encontraron en el sur un abundante festín de vertebrados y, finalmente, la llegada de los seres humanos, hace al menos unos 14.000 años, que terminó por dictar la sentencia de muerte para muchas especies.
El intercambio biológico ocurrió en ambos sentidos. Sin embargo, algunos animales no avanzaron mucho hacia el norte, mientras que otros prefirieron permanecer en lo que hoy es Costa Rica. Unos pocos organismos representados en el registro fósil lograron sobrevivir y aún conviven en el continente, como los coyotes, las dantas, los capibaras, los bisontes y el mono aullador, entre otros.
La reciente recuperación de un perezoso gigante (Eremotherium) y de un mastodonte (Cuvieronius) corresponde a especies que ya habían sido reportadas en el país. Su extracción ha sido extenuante y se ha hecho enfrentando las inclemencias del tiempo.
Sin embargo, su importancia radica en el trabajo multidisciplinario –que involucra a geólogos, paleontólogos, arqueólogos y biólogos–, así como en la colaboración interinstitucional entre el Museo Nacional y la Universidad de Costa Rica, y la participación internacional de la Universidad de Nuevo México y la Universidad de Münster.
Además, ambos ejemplares presentan edades muy recientes en términos geológicos. Murieron siendo adultos en un ambiente pantanoso, rico en vegetación de la cual se alimentaban, cerca de un río similar al actual. El clima, no obstante, era más frío y menos húmedo, con vientos gélidos. En nuestras montañas existían bosques ricos en robles y amplias áreas dominadas por gramíneas, mientras que, por encima de los 3.000 metros, las cumbres estaban cubiertas de nieve y glaciares.
El perezoso, apodado Tobi, padecía una artritis severa, por lo que probablemente sufrió durante su vida. Tanto el Eremotherium como el Cuvieronius esperaron pacientemente en su lecho de muerte durante 14.400 y 13.400 años, respectivamente, hasta que la naturaleza los exhumó y los ojos atentos de María Sequeira y del trabajador Esteban Brenes los descubrieron, con lo que ofrecieron un valioso regalo a la ciencia y a las generaciones futuras.
Otros hallazgos valiosos, actualmente en estudio, también han sido donados recientemente: uno en Barranca, por don Álvaro Arias; otro en Guanacaste, por la niña Elizabeth Chacón; dos en Puriscal, por Leonel Aguilar, así como por Juniesky Castro, Johnson Madrigal y Raquel Hernández, y, finalmente, el aporte de los hermanos Amado y Cristian Vargas, en San Vito.
La ciencia y el país se lo agradecen.
galvaradoinduni15@gmail.com
Guillermo Alvarado Induni es geólogo y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.