Con el mayor respeto y sincera consideración, deseo expresarle, doña Laura, mis felicitaciones por haber sido elegida por la mayoría de los costarricenses para asumir la conducción de nuestra querida nación a partir del próximo 8 de mayo de 2026. Ese día marcará no solo el inicio de su administración. Sino también la expectativa de muchos ciudadanos en verla trabajar con su propio sello.
Quienes votaron por usted, así como quienes no lo hicieron, han sabido aceptar con dignidad el resultado. Esa es, sin duda, una de las mayores fortalezas de nuestra democracia: la capacidad de reconocer el designio de las urnas y tratar de avanzar como un solo pueblo. Que dicho avance no ocurre, en algunos casos, es cierto.
Vale la pena reflexionar si, más allá de la mezquindad del oponente, hay algún factor que podría ser responsable de no dejar que se camine con fluidez la milla extra.
En ese mismo espíritu constructivo, me permito hacerle una respetuosa solicitud. Costa Rica atraviesa un momento en el que el tono del discurso público importa tanto como el contenido. El estilo que ha caracterizado al actual presidente, Rodrigo Chaves Robles, particularmente en el uso de recursos sarcásticos y burlones, ha generado divisiones innecesarias y ha restado altura al debate nacional y a la proyección como país.
No cuestiono el mensaje de que Costa Rica necesita una limpieza. Por el contrario, es un sentir compartido. Sin embargo, esa limpieza debe ser integral. Y, como bien sabemos, toda transformación verdadera comienza por casa. Es ahí donde se nos exige mayor integridad, mayor coherencia y también mayor elegancia.
Costa Rica es, en efecto, nuestra casa. Y a partir del 8 de mayo, usted será la persona a quien la mayoría ha confiado su cuidado. Tenga la certeza de que todos los costarricenses de buena fe deseamos que su gestión sea exitosa. No por orgullo personal ni político, sino porque el bienestar de nuestra patria nos concierne a todos.
Nuestra nación es bendecida. Lo es por su historia, por su paz, pero sobre todo por su gente. Ese pueblo noble espera ver reflejado en su liderazgo un compromiso auténtico con el bien común, con la justicia y con la unidad.
Valoro profundamente el gesto que tuvo al reunirse con los diputados salientes tras su elección. Fue un acto que transmitió cercanía, humildad y una clara disposición al diálogo. Se percibió como algo genuino, coherente con una forma de gobernar basada en el respeto y el compromiso por Costa Rica.
La animo a perseverar en esa línea. A cultivar la humildad necesaria para escuchar consejo, especialmente de quienes puedan aportar desde la experiencia y la sabiduría. Gobernar también implica rodearse bien y discernir con prudencia.
Permítame cerrar con una frase que solía decir mi abuelo materno, y que hoy cobra especial sentido: “Lo cortés no quita lo valiente”.
Que su liderazgo sea firme, sí, pero también cortés. Que sea decidido, pero nunca desprovisto de respeto. Porque en ese equilibrio se encuentra la verdadera grandeza.
csoley@iped.net
Carolina Soley Gutiérrez es médica pediatra y máster en Bioética.