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Deuda histórica con Carlos Meléndez Chaverri

Libros y libros lo rodearon siempre, y sus más icónicas y bellas fotografías lo sitúan incólume junto a sus venerados libros

Tuve el honor de conocer personal y familiarmente al doctor Carlos Meléndez Chaverri, historiador costarricense insigne, pero, más que eso, uno de los más connotados del siglo XX de la historia de Costa Rica.

Don Carlos, hombre de letras por excelencia, vocación y amor, dedicó toda su vida y penetró los más recónditos rincones de un influyente período de la historia patria y centroamericana: el período colonial español.

Sus investigaciones lo llevaron al Archivo General de Indias de Sevilla, España, a buscar fuentes primarias en Guatemala, en Nicaragua, en toda biblioteca donde hubiera secretos que revelar.

Con la rigurosidad académica que siempre lo caracterizó, se hundió profundamente dentro de textos antiguos, leyó sus paleografías, descifró los secretos, las causas y los acontecimientos que definieron nuestra idiosincrasia como nación desde antes de la independencia.

Don Carlos nació en Heredia, el 26 de junio de 1926, y falleció el 12 de junio del 2000. Su vida estuvo dedicada a una de sus pasiones: la enseñanza.

Fue profesor y formador de maestros en la Escuela Normal de Costa Rica, en el Liceo Nocturno de Heredia —del cual fue el primer director— y en la Universidad de Costa Rica, en donde laboró la mayor parte de su vida como docente e investigador.

Durante su existencia, escribió, como mínimo, 35 libros de trascendencia internacional, unas 25 obras documentales e incontables textos y facsímiles como apoyo a la docencia de la historia y la geografía nacionales.

Fue distinguido con tres doctorados honoris causa por las universidades de Tulane, en Nueva Orleans, Estados Unidos, la Universidad Nacional de Nicaragua y la Universidad de Costa Rica.

Embajador de Costa Rica en España y la Santa Sede, recibió merecidamente dos veces el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría, fue distinguido con el prestigioso Premio Magón y el Premio Rafael Heliodoro Valle en Honduras, y se hizo acreedor de más de 20 reconocimientos de distintas instituciones culturales de Centroamérica.

Don Carlos fue miembro de las Academias de Historia de Costa Rica, Panamá, Uruguay, México, Paraguay y Nicaragua. En fin, este corto artículo es insuficiente para enumerar todos sus atributos como profesional, académico y hombre de gran valor que supo servir siempre a su país y, principalmente, a las jóvenes generaciones que lo han sucedido en el conocimiento y la investigación de nuestras raíces.

Recuerdo el incesante tecleo de la máquina de escribir, en su oficina ubicada en el cuarto piso del edificio de Estudio Generales de la Universidad de Costa Rica, o en su casa, dentro de lo profundo de su biblioteca, en donde casi nunca cesaba de trabajar y escribir, salvo cuando era interrumpido por sus nietos, mis hijos.

Libros y libros lo rodearon siempre, y sus más icónicas y bellas fotografías lo sitúan incólume junto a sus venerados libros.

Don Carlos Meléndez fue un hombre extraordinario, de una generación de grandes pensadores de los que quedan muy pocos. Fue hombre de letras, incansable investigador, hombre de bien que nos dejó un legado imperecedero de saber, y hombre de familia como ha habido pocos en la historia reciente de nuestro país.

Costa Rica tiene una deuda histórica que debe honrar, debe otorgarle el título de benemérito de la patria. Espero que alguno de los nuevos legisladores, quizá que lo haya conocido, asuma como suyo este anhelo.

rprotti@geotestcr.com

El autor es geólogo, consultor privado en hidrogeología y geotecnia desde hace 40 años. Ha publicado artículos en la Revista Geológica de América Central y en la del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH).

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