
En días recientes, tuvimos nuestro congreso centroamericano de Urología, en San Salvador. Para nosotros, es una excelente oportunidad de mantenernos al día con los últimos avances médicos y quirúrgicos, además de una ocasión para compartir con verdaderos maestros en la especialidad.
Uno de los profesores invitados fue don Raju Thomas, urólogo nacido en India, quien emigró hace 49 años a Estados Unidos. Su currículum es impresionante y, sin duda, es uno de los referentes mundiales de la cirugía urológica. Se le considera pionero en muchas técnicas quirúrgicas y, a lo largo de los años, se mantiene activo y absolutamente vigente en procedimientos de alta complejidad. Hace un par de años, concluyó su periodo como presidente de la Asociación Americana de Urología y hoy es el jefe de Urología de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans.
Lo que más me llama la atención de don Raju es su humildad. Siendo un grande, es un hombre accesible, cordial, amable y sumamente servicial.
Por esas cosas buenas de la vida, me tocó sentarme a desayunar con él. Quiero contarles un poco de nuestra conversación.
–Andrés, ¿cómo has estado?
–¿Bien, ¿y usted, doctor?
–Todo bien, afortunadamente. A pesar de mis años, sigo trabajando mucho y estoy feliz.
–Doctor, quiero contarle que vi a una muchacha que usted operó en Tulane. (Le dije el nombre), operada el año anterior, de una pieloplastía robótica (reconstrucción de la vía urinaria con asistencia del robot da Vinci). Ella está supercontenta, agradecida y curada de su enfermedad.
–Claro, la recuerdo. Una mujer muy joven, llena de vida. Me alegra que esté bien.
–Sí, señor, ¡le fue excelente!
–Andrés, curar a los pacientes empieza mucho antes de tomar el bisturí en nuestras manos. Todo empieza con la conversación, la manera en que los tratás, la explicación de su enfermedad y el tratamiento que les espera. Pero lo más importante, sin duda alguna, es la esperanza que uno transmite en esa primera cita. Tenemos que ofrecerles tranquilidad y una solución, porque vienen enfermos, preocupados y llenos de incertidumbre. Muchos de ellos ya están pensando en los peores escenarios, a veces catastróficos.
–Doctor Thomas, justo eso me dijo ella de usted. ¡No sabe cuánto le agradece!
–Andrés, en mis 49 años de ejercicio profesional, he aprendido muchas lecciones. De ellas, la principal y más importante: nunca seas un arrogante. Podés ser un excelente profesional, pero si te sentís superior a los demás, todo irá mal. Nunca perdás la perspectiva. Jamás, por más sencilla que sea una cirugía, dejés de guardarle el debido respeto, porque hasta las cosas que consideramos como las más simples pueden complicarse. Y por favor, nunca dejés a tus pacientes solos durante el proceso. Ellos entienden la mayor parte de las veces que una cirugía puede tener complicaciones, pero lo que no te van a perdonar es que los abandonés. Siempre recordá esto.
Yo lo escuchaba extasiado. Hablar con él es un deleite.
La conversación se interrumpió cuando llegaron las pupusas, que, dicho sea de paso, ¡estaban buenísimas!
Don Raju saludó a todos y cada uno de los urólogos que se le acercaron. Algunos, incluso, le pidieron una foto o selfi, a lo que él accedió amablemente. Él es una estrella, pero estoy seguro de que no se siente así.
–Andrés, nos vemos en octubre en Costa Rica, en tu congreso.
–Sí, señor, será un honor tenerlo con nosotros.
–Solo te pido un favor: no olvidés llevarme tu café.
–Doctor, cuente con eso...
aarley@medicos.cr
Andrés Arley Vargas es médico urólogo y presidente de la Asociación Costarricense de Cirugía Urológica.
