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Cuando el poder enseña a insultar: ‘Lero, lero, calzón de cuero’

Los ciudadanos tampoco podemos declararnos simples víctimas del mal ejemplo. Cada vez que repetimos un insulto, compartimos una calumnia o celebramos la humillación de quien piensa distinto, contribuimos a la degradación que criticamos

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El que odia no se compadecería ante ninguna cosa, no quiere que exista aquel a quien odia.
Cuando desde arriba se humilla o ridiculiza, ese lenguaje desciende rápidamente hasta las redes sociales y permea en las personas y los ambientes de estudio y trabajo. (Shutterstock)







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