
A quien esté leyendo, quiero, primero que todo, dejar claro desde dónde les hablo. Soy una persona de izquierda y he votado siempre por propuestas progresistas. No comulgo con las ideas del “movimiento chavista” ni tampoco de la actual presidenta, Laura Fernández, y no estoy a favor de sus políticas.
Sin embargo, no se me hace fácil ignorar la constante burla y menosprecio de ciertos influencers, “creadores de opinión”, e incluso excandidatos(as) presidenciales, hacia las personas que piensan diferente a ellos, que son “chavistas” o que “han osado” apoyar al “chavismo”.
Me explico. No es que no haya políticas que criticar (las hay y muchas), no es que no podamos alzar la voz contra las atrocidades que han propuesto y no es que no podamos demostrar nuestra oposición de múltiples formas.
¡Pero, cuidado! Tampoco conviene caer en la crítica fácil y áspera, esa que no ataca las ideas, sino a las personas que las proponen; esa que apunta con el dedo las fallas de los demás, pero carece de propuestas alternativas.
Y, lo que es peor, esa crítica que parte del principio de que los que sabemos “somos nosotros” y los otros “son tontos”, o por lo menos, no tan inteligentes. Esa crítica que no construye, que es burlona y que, sí, hay que decirlo, es elitista.
No sé cuántas veces he leído en redes sociales y escuchado de personas conocidas referirse a los “chavistas” como “ignorantes”, “chabestias”, “básicos”, “tontos”, entre muchos otros calificativos.
En plena campaña, escuché a una candidata presidencial mofarse de otra por haber tenido que “leer un párrafo” en un debate electoral. Viniendo de una persona recién graduada del MIT, parece difícil obviar el “tufo” sarcástico y soberbio de un comentario así. De la misma forma, escuché a una influencer de apellido Monge decir que la única razón por la cual la candidata Laura Fernández no asistía a los debates era “porque es tonta”.
Debió haber sido muy difícil para personas así enterarse de que “esos” que no saben hablar en público y son tontos ganaron por segunda vez la elección. Y lo que es peor, siguen sin creerlo, argumentando que “los jaguares” son “una secta que no piensa”, es decir, un grupo de personas sin agencia, sin juicio propio.
Hace un tiempo, leí en la página “La Cadejos” que la presidenta no tenía por qué invitar a Maribel Guardia a Casa Presidencial porque “¿desde cuándo ella es referente político?”. Como si para participar de los asuntos públicos tuviéramos que haber acreditado antes un doctorado en Política; como si no bastara el hecho de ser ciudadanos(as) con derechos políticos.
Estos comentarios esconden una actitud profundamente elitista; una idea de democracia en que solo los “inteligentes” o los educados pueden opinar y en que solo los “expertos” deben tomar las decisiones. Platón llamó a este sistema político “sofocracia” o “gobierno de los sabios”, mientras que hoy podríamos llamarlo “tecnocracia” o “meritocracia”. Es decir, “la política” para un grupo selecto de personas (élite) que se consideran más capacitadas por su intelecto.
Parece paradójico que estas referencias despectivas hacia el “otro” partan de una pésima lectura de nuestro país, nuestra sociedad y las estrategias políticas de cara al futuro.
Valdría la pena empezar a escuchar de verdad los problemas diarios, necesidades y desesperanzas de estos “tontos”; los que sienten que, durante décadas, los partidos tradicionales “democráticos” les han fallado. Podríamos validar sus preocupaciones y razones, y dejar de reducirlos a “ignorantes”.
Esta reflexión no la hago con el objetivo de juzgar con el dedo moralista a quienes esbozan críticas elitistas. Muchos hemos caído en el pasado en esta trampa. Lo digo porque, como ciudadanos(as), influencers, políticos(as) que aspiramos a transformar el estado actual de las cosas, tampoco suena particularmente estratégico referirnos así a un alto porcentaje de la población.
Esos “ignorantes” son el movimiento político más grande hoy en el país, y si no somos capaces aún de deconstruir nuestro elitismo, por lo menos entendamos que calificarlos así no construye alternativas políticas exitosas.
No caigamos en la trampa elitista en la que han caído tantas sociedades latinoamericanas. Entendámoslos, y si no nos gusta, critiquemos sus políticas, sus ideas, propongamos alternativas, debatamos y, eventualmente, tratemos de construir puntos en común. ¡Aún estamos a tiempo!
anamoralesch@gmail.com
Ana María Morales Chacón es doctora en Ciencias Políticas.