A propósito de las reflexiones sobre el futuro del Partido Liberación Nacional (PLN), hay una pregunta que parece más importante que reconstruir su estructura, actualizar su ideología o convocar otro congreso: ¿qué puede hacer hoy el Liberación de hoy?
La pregunta adquiere especial relevancia cuando la identificación partidaria se ha debilitado.
El CIEP-UCR reportó en setiembre de 2026 que el 72% de las personas consultadas no simpatiza con ningún partido y que los partidos políticos obtuvieron una calificación promedio de 4,1 sobre 10, la más baja entre las instituciones evaluadas.
Esto obliga a revisar una premisa: estructura ya no equivale a representación.
Un partido puede conservar dirigentes, comités, organización territorial, historia y experiencia de gobierno, pero eso no significa que represente a una sociedad que cambió profundamente.
El ciudadano dispone hoy de otros medios para informarse, organizarse, expresarse y participar.
Por eso, la pregunta no debería ser cuánto de aquella estructura histórica conserva el PLN, sino para qué sirve en una sociedad donde siete de cada diez ciudadanos no se identifican con ningún partido.
Existe, además, un riesgo: que la estructura termine funcionando principalmente como mecanismo de movilización electoral. Se organiza a la gente, se convoca a las bases y se solicita su voto. Pero el ciudadano puede terminar sintiendo que no es representado, sino utilizado como base electoral.
La solución tampoco puede consistir simplemente en multiplicar intermediarios.
Es necesario escuchar a sindicatos, cooperativas, universidades, asociaciones, sectores productivos y comunidades, pero ninguna organización representa automáticamente a toda la sociedad. ¿Quién escucha al ciudadano que no pertenece a ninguna de ellas?
Recuerdo a un familiar que dejó de asistir a reuniones de un club de ayuda social porque, según decía, se reunían en banquetes para hablar sobre “cómo ayudar a los pobres”. La ironía encierra una pregunta política de fondo: ¿cuánto tiempo seguiremos hablando sobre la gente sin trabajar con la gente?
Hablar sobre los pobres y trabajar con ellos. Hablar sobre las comunidades y trabajar con ellas. Hablar sobre los ciudadanos y permitirles participar. Hablar sobre desarrollo y permitir que las personas se incorporen a producirlo.
Ese debería ser el sentido de una democracia que resuelve.
Por eso, si el PLN realiza nuevamente un congreso, la verdadera innovación no estaría en reconstruir un antiguo congreso ideológico, sino en abrir un espacio donde ciudadanos, pertenezcan o no al partido, puedan contribuir a construir soluciones concretas para Costa Rica.
Y aquí surge un reto que también corresponde al Poder Ejecutivo: facilitar que todos puedan incorporarse al desarrollo del país sin tener que esperar que algún dirigente los llame.
El ciudadano no debería necesitar un contacto político, una organización u otro “plantón” para demostrar que existe.
La oposición también puede servir. Un diputado puede proponer, negociar, mejorar una iniciativa, apoyar lo que considere conveniente y fiscalizar su ejecución. Separación de poderes no significa aislamiento de poderes.
No se trata de demostrar que las viejas estructuras todavía pueden movilizar personas. Se trata de demostrar que todavía pueden movilizar soluciones.
Como se ha atribuido a Luis Guillermo Solís en su discurso de triunfo: “Si me pierdo, búsquenme; si no cumplo, reclámenme”. La democracia puede ir incluso más lejos: no esperar solamente que el ciudadano reclame cuando el gobierno falla, sino facilitarle participar antes, durante y después de las decisiones.
Antes de pensar en construir el Liberación del mañana, tendría que demostrarse qué puede hacer hoy el Liberación de hoy.
Porque el poder puede ampliar la capacidad de servir, pero no debería ser la condición para hacerlo.
rodolfoacon@hotmail.com
Rodolfo Acón Ho es vecino de Curridabat.