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Angela Merkel es un ejemplo para los políticos

Merkel buscó su propio camino en un mundo dominado por hombres y navegó en un mar de juegos de poder

Angela Merkel debió esforzarse para ingresar a la universidad. Estudió Física y aprendió a afianzarse en un entorno masculino. Su tesis doctoral fue calificada de magna cum laude.

Merkel fue la novena canciller de la República Federal de Alemania. Presidió el G8 y el Consejo Europeo; fue la segunda mujer en la historia en desempeñar ambos cargos, mérito que comparte solo con la primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher.

Su influencia sobre la Unión Europea y las decisiones fue notoria desde su ascenso al poder. Se le considera una líder de facto (por la fuerza de los hechos) más que de iure (por la fuerza del derecho). En el 2020, la revista Forbes la eligió la mujer más poderosa del mundo por decimocuarta ocasión.

Ejecutó una política de austeridad, eficiencia y disciplina en la Unión Europea. Lideró, junto con el gobierno francés, el proceso de refundación de la comunidad política tras la crisis de la pandemia del nuevo coronavirus, en el 2020. Dio impulso a una serie de cambios de considerable magnitud. Se hizo experta en el arte de la supervivencia. Supo resistir.

Se dice que dos características marcan su carrera política desde el comienzo: dedicación incansable y autodisciplina. Trabaja intensamente, pero con especial cuidado para no llamar la atención. Discreta y reflexiva, huye de toda estridencia. Muchos admiran su calma.

Maestra en el uso del silencio, sabe escuchar lo que se dice a su alrededor. Pesa y pondera las opiniones. Solo cuando están las cartas sobre la mesa, dice lo que considera es el camino. Esto le ayudó a tomar decisiones responsables, alcanzar consenso y no disputas.

Prefiere colaborar, no competir. Posee una férrea determinación y un agudo sentido estratégico. Va siempre al grano. Quiere y obtiene resultados. Dice la verdad con sencillez. Se aleja de elaborar discursos brillantes, pero vacíos. No ha tenido reparo en afirmar reiteradamente la importancia de la fe para su política.

Obtiene luces y fuerzas de la oración para afrontar situaciones difíciles. Se mueve por la ética de la convicción, no de la imposición. Aporta seguridad y estabilidad. No en vano se labró un merecido respeto internacional.

Merkel buscó su propio camino en un mundo dominado por hombres. Navegó en un mar de juegos de poder. Sus armas y fuerza fueron su experiencia y perseverancia. Muchos la apodaron y subestimaron, pero lo cierto es que se mantuvo en su puesto de canciller durante 16 años.

En sus viajes internacionales, siempre se preocupó por los derechos de las mujeres y los niños. En Arabia Saudita, Nigeria y Corea del Sur, animó a las estudiantes a dedicarse a la política. No le gustó ponerse la «medalla del feminismo».

Para ella, es normal ser una mujer trabajadora. Durante su mandato se aprobaron leyes destinadas a crear estructuras y políticas familiares. No fue una revolución para ella, sino lo obvio, elemental y necesario.

Siempre ha afirmado que debe haber una distribución justa de tareas en distintos aspectos de la vida. Introdujo las bajas por paternidad y maternidad. Favoreció la reincorporación laboral de las madres jóvenes.

Tuvo claro que las mujeres se enfrentan a muchos retos diariamente, especialmente las madres solteras. La tasa de empleo femenino creció en un 13 % desde que Merkel asumió el cambio.

Casi la mitad de las mujeres en Alemania trabajan medio tiempo. En el mundo empresarial, donde las mujeres todavía siguen estando infrarrepresentadas en puestos ejecutivos, se opuso a una cuota paritaria en las empresas. Las prescripciones del Estado a las empresas contravienen su ideal.

Esperaba que las compañías promocionaran voluntariamente a más mujeres en puestos gestores. En sus 16 años de mandato aumentó la presencia femenina en la Cancillería.

Su círculo asesor estuvo formado principalmente por mujeres. En el 2021 se declaró finalmente y públicamente feminista. Afirmó que todas las mujeres deberían serlo. Un feminismo claramente inteligente.

Se dice que el mayor legado de Angela Merkel fue demostrar que una mujer puede liderar un país y guiarlo a través de muchas crisis. Su liderazgo traspasó no solo las fronteras de su familia y de su país, sino que aseguró que el mundo siguiera funcionando.

Merkel seguirá inspirando a muchas generaciones. Ha dejado el listón muy alto y es un gran modelo para las mujeres y hombres que quieran involucrarse en política y economía.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.