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Las curules terminan siendo ocupadas por operadores políticos, familiares, ‘pegabanderas’ o aliados de financistas de campaña, cuya principal credencial es la lealtad partidaria del momento y no la capacidad técnica, la experiencia o la solvencia ética requeridas


Como sucede siempre: los líderes evangélicos que negocian con los partidos son los que ocupan los puestos elegibles en las nóminas y los demás hermanos van en puestos de relleno