Editorial

Editorial: Uso seguro del gas

A la fecha, el 78 % de 1,2 millones de cilindros utilizados en el país tienen válvula de acople sencilla, la más propensa a las fugas. Solamente el 22 % posee válvula de rosca.

Cinco años de intenso debate sobre la seguridad de envases y mecanismos de acople mediaron entre la explosión de un cilindro de gas en una soda de Alajuela, con cinco fallecidas y cuantiosos daños, y los decretos ejecutivos emitidos para pasar de las válvulas de acople sencillas a dispositivos de rosca, mucho más seguros.

A la fecha del trágico suceso de Alajuela, el Cuerpo de Bomberos y otras autoridades cumplían más de una década de constantes advertencias. Las emergencias ocurren al ritmo de una decena al día. Entre el 2015 y el 2020, por lo menos 22.800 accidentes relacionados con cilindros de gas exigieron la intervención de los bomberos. En promedio, son 3.800 al año.

El avance ha sido muy pausado desde mayo del 2018, cuando el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) y la presidencia de la República emitieron los dos decretos ejecutivos destinados a aumentar los requisitos de seguridad y normar las responsabilidades de los comercializadores.

Los decretos descartaron la idea de sustituir las válvulas de todos los cilindros en circulación a la fecha de la entrada en vigor. En su lugar, dispusieron el cambio de cilindros y válvulas al mismo tiempo, cuando la vida útil de los primeros llegara a su fin. El resultado, tres años más tarde, es la subsistencia en el mercado de tanques sin válvula de rosca.

Una reciente encuesta de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) reveló que solo el 16 % de los consumidores califican de «muy buena» la instalación de su sistema de gas, el 57 % la considera «buena» y un 24 % no sabe si es segura. Cuando menos el 28 % de los hogares ha experimentado fugas y el 51 % de los entrevistados dijo desconocer las características de seguridad deseables en una instalación doméstica.

Eso explica, en buena parte, por qué 582.000 de las 710.000 familias que cocinan con gas mantienen el cilindro dentro de la vivienda, casi siempre en la cocina, con lo cual se multiplican los riesgos. Las malas prácticas reveladas por la encuesta de la Aresep incrementan los peligros de la larga transición hacia equipos más seguros.

La entidad reguladora haría bien si informara al país periódicamente del ritmo de la transición, la edad de los cilindros y el número de válvulas de cada tipo existentes en el mercado. Las razones económicas para no instalar válvulas de rosca en tanques con poca vida útil a la fecha de la emisión de los decretos son comprensibles; sin embargo, han pasado tres años y debe haber una estimación de la fecha prevista para completar la transición y formas de medir su avance.

Si el proceso no está próximo a concluir, la vida útil de los cilindros todavía era larga en el 2018 y se habría justificado ordenar el cambio de las válvulas. La pregunta es a cuántos años de expirar la vida útil deja de valer la pena el cambio de válvulas, considerando los riesgos. Si la medida de transición incluye los cilindros introducidos al mercado el día de publicación de los decretos, tendremos válvulas anticuadas hasta el 2033.

Es demasiado tiempo de vigencia para el llamado del Ing. Alexander Davis Barquero, coordinador de Calidad de Energía de la Aresep: «El proceso sigue y por eso es crítico que los usuarios tengan mucho cuidado, en particular cuando el cilindro está en la casa». A la fecha, el 78 % de los 1,2 millones de cilindros utilizados en el país tienen válvula de acople sencillo, la más propensa a las fugas. Solamente el 22 % posee válvula de rosca.

La otra cara del problema, la relativa a las instalaciones deficientes, exige campañas de información e inspección de las autoridades. Los riesgos no solo existen en los hogares. La explosión de Alajuela ocurrió en una soda y abundan las irregularidades en los locales comerciales. El robustecimiento de la seguridad es deber de todas las instituciones involucradas en la concesión de permisos y labores de inspección.