Editorial

Editorial: Nuevo traspié del MEP

La ausencia del menor intento de defensa demuestra el reconocimiento del carácter inapropiado del texto publicado en la revista ‘Conexiones’. ¿Por qué, entonces, fue publicado?

Nadie ha logrado explicar el aporte esperado del artículo de fuerte contenido sexual publicado la semana pasada en la revista Conexiones, del Ministerio de Educación Pública (MEP), cuyo objetivo declarado es “propiciar un espacio en donde se reúnan las ideas, pensamientos y sentires que enriquezcan y fortalezcan a toda la comunidad educativa”.

El artículo versaba sobre una novela erótica con lenguaje excesivamente explícito y personajes violentos hasta el asesinato, pero quienes lo publicaron lo consideran apropiado para estudiar las orientaciones sexuales, dada la diversidad de los personajes de la obra literaria y de sus preferencias.

El artículo titulado “Tipos de orientaciones sexuales en los personajes de la novela El rey de La Habana de Pedro Juan Gutiérrez” puede tener cabida en publicaciones dedicadas a la crítica literaria, pero no en una revista dirigida a “administrativos, docentes, estudiantes y familia” de escuelas y colegios. La jerarquía del Ministerio los supo en cuanto la prensa llamó la atención sobre el material publicado en Internet, como lo demuestra la brevedad del lapso entre la denuncia y la remoción del artículo.

Nadie lo defendió. Desapareció como por arte de magia, con rapidez inusitada para un sábado por la mañana, y el MEP se apresuró a enfatizar su desconocimiento del camino seguido para publicarlo. En el acto, anunció la intención de pedir explicaciones al consejo editorial de la revista. También se distanció del discurso de violencia sexual presente en la obra.

“Como a todo el mundo, el texto que circuló en la revista Conexiones me resultó chocante e inapropiado para estudiantes. Es incomprensible por qué alguien en el MEP consideró adecuado usar ese texto en la revista o para ‘asesorar’ a los docentes, y mucho más grave si se dice que es adecuado para estudiantes”, afirmó Leonardo Garnier, exministro de Educación y miembro del Consejo Superior de Educación.

La única tímida defensa del texto la ofreció Gabriela Castro, directora de Recursos Tecnológicos del MEP, entidad encargada de la edición: “Es un análisis de un cuento precisamente reflexivo y literario. Este tipo de análisis tienen que abordar diferentes tipos de obras literarias, en este caso un cuento”.

Pero hay miles de cuentos, y lo que está en discusión no es si el análisis literario debe abordar “diferentes tipos de obras”, sino la escogencia de esta obra en particular para orientar el ejercicio educativo de “administrativos, docentes, estudiantes y familia”. Esa es la pregunta para el comité editorial, integrado por seis personas, y el comité asesor conformado por cinco funcionarios de las universidades públicas.

Tampoco se trata de censura. El autor, Carlos González Hernández, asesor nacional de Español del Ministerio de Educación Pública, en el Departamento de Bibliotecas Escolares y Recursos para el Aprendizaje, está en libertad de dedicar sus esfuerzos académicos a cualquier tema de su interés y publicar el resultado, pero no en un medio dedicado a ofrecer, precisamente, “recursos para el aprendizaje” de escolares y colegiales.

El caso se suma a las pruebas de clara orientación ideológica criticadas por este diario a comienzos de la administración, aunque fueron heredadas del gobierno anterior, y el escándalo de la última edición de las pruebas FARO, utilizadas para recabar datos sobre el entorno familiar y la situación socioeconómica de los alumnos.

En los procesos de revisión y validación del MEP hay groseras omisiones. Ninguno de los tres incidentes debió suceder. Los tres son dañinos para la institución. El más reciente alimenta las sospechas y temores de quienes objetan la educación sexual, tan difícil de adoptar en nuestro sistema educativo. Así, produjeron un daño adicional.