Editorial

Editorial: Nuevo aire para la OMC

La reciente conferencia ministerial superó obstáculos y produjo saludables, aunque insuficientes, acuerdos

La Organización Mundial del Comercio (OMC), institución clave para promover los flujos abiertos de bienes y servicios y, por ende, propiciar el progreso global, ha padecido serios desafíos y mostrado preocupantes falencias durante los últimos años.

Esas turbulencias se mantienen e incluso se han acrecentado tras la invasión de Rusia a Ucrania. Sin embargo, su décimo segunda conferencia ministerial, celebrada en Ginebra durante la pasada semana, le ha dado nuevo aire y ha ratificado cuán importante resulta fortalecerla.

Es algo clave para la salud económica global, pero más aún para países pequeños que, como Costa Rica, estamos abiertos al mundo y dependemos de un sistema internacional basado en reglas para impulsar las inversiones y el comercio.

La reunión se produjo en momentos sumamente desafiantes. Desde su creación en 1995, la OMC ha venido estimulando la ruptura de barreras, la facilitación del comercio y la solución de controversias entre los 164 miembros, a los que se incorporó China en el 2002 y Rusia, 10 años después.

Esto hizo que los flujos internacionales de bienes y servicios crecieran durante más de tres décadas con mayor rapidez que la economía global, e incluso han mantenido un razonable dinamismo, a pesar de notables retos y obstáculos en los últimos años.

Primero fue la crisis financiera entre el 2007 y el 2009, que golpeó los mercados y flujos de capitales y generó recesión en varios países. Luego, vino la guerra comercial entre China y Estados Unidos, exacerbada por los ímpetus estatistas de Xi Jinping y el proteccionismo generalizado de Donald Trump, que Joe Biden ha seguido en esencia, aunque con retórica menos incendiaria.

Por ejemplo, la negativa de Estados Unidos al nombramiento de nuevos jueces mantiene paralizada la integración del tribunal para la solución de conflictos, pieza fundamental en la arquitectura de la OMC. La pandemia de la covid-19 dislocó las cadenas de suministros mundiales y produjo una fuerte crisis de contenedores, que se mantiene.

El panorama se ha agravado todavía más debido al impacto demoledor —militar, humano y comercial— de la agresión rusa contra Ucrania. Y a todo esto se añaden los intereses a menudo contrapuestos de las grandes economías mundiales en relación con aranceles y subsidios.

Tal fue el marco en que se celebró la conferencia ministerial. Estaba prevista para durar cuatro días, pero las intensas negociaciones la extendieron dos más. Finalmente, se adoptaron acuerdos importantes, muy alejados de los niveles óptimos, pero que lograron sobreponerse al pesimismo previo y representan significativos avances en la coyuntura presente.

La conferencia logró un acuerdo para un levantamiento parcial de las patentes para la producción de vacunas contra la covid-19; extendió la exoneración de tarifas para el comercio de productos digitales, como computadoras y software; dispuso eliminar algunos subsidios a la pesca, esencialmente con propósitos de conservación; y, también, prohibir las restricciones a la venta de alimentos del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, que enfrenta enorme escasez por el bloqueo ruso a la exportación de trigo, aceite de girasol y otros productos desde Ucrania.

Las discusiones sobre la eliminación de subsidios a la agricultura no condujeron a acuerdos, no obstante los enormes esfuerzos de la embajadora costarricense, Gloria Abraham, quien lideró el grupo encargado del tema; tampoco, la reforma de las normas de trabajo de la Organización. Ambos asuntos serán retomados en la próxima conferencia ministerial.

En un discurso al abrirse la conferencia, el ministro de Comercio Exterior de Costa Rica, Manuel Tovar, destacó lo crucial que la OMC y la inserción en la economía internacional han sido para nuestro desarrollo, y recordó que “pocas veces” las discusiones en su seno “han sido tan decisivas como ahora”. Si se analiza en abstracto, el resultado de estas fue modesto; de cara a la realidad de los riesgos y desafíos, sin embargo, se puede calificar de razonable y hasta esperanzador, por introducir un nuevo sentido de movimiento en la organización y lograr avances en ámbitos puntuales.

“Creo que los resultados que ustedes han producido aquí son fundamentos para lograr más en los meses y años que siguen”, dijo al concluir la conferencia su dinámica directora general, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala. Esperemos que así sea, pero todo dependerá del compromiso real de los países miembros.

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