30 julio

Voluntarios de la empresa transnacional Intel, el más grande fabricante de circuitos integrados del mundo, ofrecen talleres de programación gratuitos a estudiantes costarricenses matriculados en los últimos años de colegios académicos y técnicos. Para aprovechar los cursos, los interesados deben tener acceso a Internet en su computadora, tableta o celular.

El objetivo de la empresa es incentivar a los estudiantes a involucrarse cada vez más en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, conocidas como STEM por sus siglas en inglés, que son las más prometedoras para conseguir empleos bien remunerados en la “economía del conocimiento”, propia de esta época y sobre todo del futuro próximo.

Los programas de capacitación ofrecidos por muchas empresas para colmar los requerimientos propios, y no más, por temor a que sus empleados sean contratados por oportunistas deseosos de aprovechar la inversión ajena en capacitación laboral, ponen la carga del entrenamiento sobre los hombros de las instituciones educativas públicas y privadas. El ejemplo de Intel muestra otro camino. Es el de los conglomerados de empresas en determinados territorios (clústeres), entre los cuales destaca Silicon Valley, que se nutren del creciente conocimiento generado por la competencia entre ellas.

Las empresas de bienes y servicios son las primeras llamadas a manifestar el tipo de educación teórica y práctica requerida por sus procesos productivos. Los centros de educación media y superior deben mantener contacto cercano con ellas para ajustar sus programas de estudios a esas necesidades, sin sacrificar el contenido humanístico de la educación. El objetivo es asegurar que lo impartido en las aulas, y cada vez con más intensidad de manera virtual, tenga utilidad en el sector productivo y que los estudiantes logren incorporarse con éxito al mercado laboral.

Los jóvenes poseen una disposición natural a aprender y una inclinación por la novedad. Eso les facilita el uso de los instrumentos tecnológicos, pero, a la vez, como lo documentan las estadísticas oficiales, constituyen el grupo con mayor proporción de desempleados, lo cual conduce a la inestabilidad social y a la migración a países y ciudades donde les es posible utilizar sus conocimientos.

La reforma del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), financiado con cargo a las planillas, procura la correspondencia entre las materias impartidas y las necesidades cambiantes del mercado laboral. La iniciativa de Intel va, precisamente, en ese sentido. Ojalá otras empresas instaladas en el país imiten su conducta y sus iniciativas sean integradas en el renovado esfuerzo de la institución de educación técnica estatal.

La pandemia de la covid-19 desnudó la necesidad de un robusto sistema de educación virtual para achicar y hasta eliminar las diferencias educativas entre las ciudades y la periferia, o entre zonas más o menos favorecidas. Para lograrlo, Costa Rica cuenta con un instrumento estratégico: el Fondo Nacional de Telecomunicaciones (Fonatel) cuyo objetivo es llevar las comunicaciones modernas a los lugares donde no existen y promover el acceso universal y la solidaridad en esta materia.

Desafortunadamente, la pandemia y la necesidad de recurrir a la educación virtual resaltaron las conocidas deficiencias del proyecto de Fonatel, a pesar de la gran cantidad de recursos financieros a su disposición, lamentablemente no utilizados para tan cruciales fines. Es necesario rectificar el camino para que iniciativas como la de Intel, relativamente pequeña por ahora, y otras muy ambiciosas, como la reforma del INA, abran las puertas a nuevos conocimientos y oportunidades para la población joven del país.