Editorial

Editorial: El maestro del año

La distinción debería ser para el educador que denunció los falsos certificados de capacitación presentados por sus colegas para reclamar puntos de carrera profesional

El fraude cometido con falsas capacitaciones para ganar puntos de carrera profesional, y con ellos jugosos aumentos salariales en el Ministerio de Educación, exige comentario, no tanto por las consecuencias económicas para el Estado, sino por las implicaciones morales y educativas. No obstante, la reflexión estaría sesgada si no comienza por reconocer al docente que desenmascaró el ardid.

Es, sin duda, el maestro del año. Dio una lección de honradez al país entero, a todos los alumnos —no solo a los suyos— y a sus colegas, incluidos los faltos de vergüenza. Ejemplifica al maestro necesario y, por fortuna, no es único. Hay muchos como él, y eso debemos celebrarlo mientras las autoridades encuentran la forma de desencadenar sobre los desvergonzados las más severas consecuencias previstas por ley.

El maestro del año se dio cuenta del inusual aumento de certificados de capacitación presentados al Ministerio para reclamar puntos de carrera profesional. Cada 40 horas de capacitación permiten reclamar un punto y cada punto equivale a un aumento de ¢2.273. El denunciante visitó en línea una de las dos empresas capacitadoras bajo investigación y encontró que, al contestar la primera pregunta de los cuestionarios, el sistema enviaba de vuelta todas las respuestas.

Llenar el formulario y ganar el curso en un dos por tres no planteaba dificultad alguna. El maestro del año resolvió unas 1.200 horas en apenas 2, entre 7 y 9 de la noche. Al día siguiente, completó 2.240 horas en menos de cuatro. Con seis horas de esfuerzo efectivo, aunque no de auténtico aprendizaje, tenía lo necesario para reclamar 56 puntos y un aumento de ¢127.288. Cuando se presentó a retirar los certificados, le cobraron ¢224.000, con facilidades de pago. Siete semanas de salario habrían bastado para recuperar la inversión y disfrutar permanentemente del aumento.

El maestro honrado revisó los certificados con especial atención a las fechas. Habían sido puestas al azar, unas del 2020, otras de inicios del 2021 y varias más entrado ese año, pero los certificados aparentaban legitimidad. Tenía en sus manos la posibilidad de concretar el engaño para obtener una generosa y permanente ganancia, pero rechazó los documentos y presentó la denuncia.

Si hubiera hecho lo contrario, como desafortunadamente hicieron varios de sus colegas, ¿con qué moral sancionaría a un alumno por hacer trampa? ¿Cómo enseñaría a sus estudiantes las virtudes básicas? Las implicaciones del fraude para la función formativa de la juventud son enormes.

El caso debería aprovecharse como oportunidad de enseñanza y aprendizaje. Por un lado, sacaría ventaja de la conducta ejemplar del maestro honrado para reforzar los valores transmitidos a los alumnos por el sistema educativo. Por otro, obligaría hasta a los sinvergüenzas a reflexionar, con sus alumnos, sobre la importancia del comportamiento ético.

Uno de los casos que disparó las alarmas en el Ministerio acredita la necesidad de esa reflexión. El autor del ardid pidió reconocimiento de 780 horas de capacitaciones virtuales cursadas entre el 1.° de octubre y el 1.° de noviembre del 2020. Los 19,5 puntos de carrera profesional le habrían valido un aumento de ¢44.323, pero la ambición nubló su vista. Las 780 horas no caben en 31 días. Ojalá el “capacitado” no haya sido nunca maestro de matemática.

La lección del maestro honrado también contiene enseñanzas para el MEP. El caso deja al descubierto la falta de supervisión de los cursos aceptados para conceder puntos de carrera profesional y la inexistencia de límites razonables. La capacitación reconocida debe ser de calidad y no puede ser obtenida a costa del tiempo necesario para la docencia. El reclamo de 780 horas de capacitación es, prima facie, sospechoso. Al ritmo de 2 horas diarias, 20 días al mes, harían falta 19 meses y medio. ¿A qué hora prepara los cursos o descansa ese educador que religiosamente dedica dos horas a la capacitación después de completar su jornada?

Al mismo ritmo, las 2.240 horas completadas por el maestro del año en solo 6 requerirían 56 meses, poco menos de 5 años. Para tragarse una mentira así, alguien debe estar dormido en el Ministerio de Educación. Es hora de despertar y revisar procedimientos tan inadecuados.

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