Editorial

Editorial: CACCO: la seguridad empieza antes de la celda

No puede convertirse una cárcel en un lugar donde el sistema deposite todas sus expectativas, ni tampoco en una política de seguridad. Lo que se gana al final de la cadena con una cárcel nueva, se pierde en lo que debería ser el primer eslabón de contención

CACCO, Inauguración
Cinco módulos para unos 5.100 privados de libertad, con controles reforzados, apuntan en la dirección correcta, al menos en lo que a infraestructura se refiere. Rafael Pacheco Granados

La inauguración del Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (Cacco) es una buena noticia. Desde este mismo espacio, hemos defendido en el pasado que el país necesitaba una cárcel de verdad, cuando se proponía alojar reos en carpas con una sobrepoblación de 118%, y advertimos de que el hacinamiento convertía las prisiones en escuelas de crimen.

Cinco módulos para unos 5.100 privados de libertad, con controles reforzados, apuntan en la dirección correcta, al menos en lo que a infraestructura se refiere. Justicia calcula que la sobrepoblación, hoy en 59%, bajaría a cerca de 15% cuando el Cacco esté ocupado por completo.

La obra, sin embargo, es el comienzo, no el resultado. Arranca con unos 30 funcionarios administrativos y más de 160 policías penitenciarios en una cárcel de más de 5.000 plazas, y los primeros traslados, previstos para finales de octubre, llenarían apenas dos de sus cinco módulos. Reunir en un mismo lugar a miembros de bandas distintas exige protocolos, personal capacitado y tecnología en funcionamiento desde el día uno. Los recursos de amparo que ya se han presentado y las advertencias del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura y de la Defensoría de los Habitantes merecen una respuesta técnica, porque la contención sólida es aquella que también lo es frente al escrutinio.

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