Columnistas

Setenta años no es nada

No pudiendo hacer fraude en las urnas, Batista lo urdió en los cuarteles

El 10 de marzo de 1952 el director de la Escuela Vocacional República de Costa Rica, de Cruces, un municipio de la entonces provincia de Las Villas, reunió a los alumnos para comunicarnos que las elecciones presidenciales previstas para mediados de año se habían adelantado aquella madrugada y el resultado había sido indisputable: los militares habían escogido a Fulgencio Batista como «presidente provisional» de Cuba para un plazo indefinido. No nos dijo, pero se sobreentendía, que se había instalado una dictadura de aquellas que adornaban como un collar de perlas el cuello del continente americano.








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