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Ruta de escape

Ningún precandidato liberacionista tuvo el valor de decir al país la verdad sobre el IVM

Ningún precandidato liberacionista tuvo el valor de decir al país la verdad sobre el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social. Todos fueron críticos de las propuestas sometidas a consulta por la institución, también a regañadientes, porque si algo comparte la Caja con el resto de la clase política es el deseo de posponer la solución.

Para impedir la implosión del sistema, solo hay tres posibilidades: eliminar la jubilación anticipada y, quizá, aumentar la edad mínima y reducir los beneficios, o incrementar los ingresos. Probablemente la solución consista en una mezcla de las tres. Lo demás, incluida la inacción, son recetas de chocolate sin cacao.

A la posibilidad de eliminar la jubilación anticipada se le combate con el argumento de la «injusta» equiparación de los sexos cuando las mujeres deben dedicar tiempo a labores domésticas no remuneradas. La tesis pasa por alto que pocas logran jubilarse a los 60 y, de ellas, muchas pertenecen a los grupos sociales más aventajados.

Las menos afortunadas llegan a los 60 sin las cuotas necesarias, precisamente porque las labores domésticas, la atención de los hijos, la escasez de redes de cuidado y otras desigualdades obligan a interrumpir la vida laboral y, por ende, las cotizaciones. Son más los hombres que, con mayor estabilidad en el trabajo, se pensionan a los 62.

Eliminar la jubilación anticipada más bien introduce un elemento de equidad, pero ese no es el objetivo. Mantener las condiciones actuales en medio de la transformación demográfica es incosteable y redundará en el colapso del régimen con graves consecuencias para todos, sin distinción de sexo. La falta de equidad está en otra parte y no se resuelve con la quiebra del IVM.

La reducción de beneficios se ha venido operando de manera paulatina precisamente porque los números no cierran, pero es mejor, desde la perspectiva electoral, permitir el deterioro en silencio y hacer lo posible por que la implosión definitiva e inevitable ocurra en otro momento.

El aumento de ingresos solo es posible mediante un ajuste de cuotas o un impuesto. Ninguno de los dos cosecha votos, y eso explica por qué los políticos les huyen como a la Segua. El pecado no es exclusivo de los liberacionistas. La pregunta es si necesitamos líderes que señalen la ruta de la evasión en lugar de construirse un verdadero mandato, con base en la verdad, para no verse obligados, después de elegidos, a traicionar sus promesas.

agonzalez@nacion.com

Armando González R.

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad de Costa Rica y Máster en Periodismo por la Universidad de Columbia, en Nueva York.