Columnistas

Referendo sobre la lucidez

En poco tiempo, aunque no tan pronto como en pasadas elecciones, sabremos cuántos se deslumbraron y cuántos se des-lumbraron

Encandilados por 25 luminarias, en poco tiempo —aunque no tan pronto como en pasadas elecciones—, sabremos cuántos se deslumbraron y cuántos se des-lumbraron; un esfuerzo, de estos últimos, digno de todo elogio.

Una pregunta habrá desvelado a los más inteligentes del grupo de los 25: “Las intenciones secretas que animan el espíritu de los electores”, más precisamente, al 32% declarado indeciso y al 30% de abstencionistas en la primera ronda en los últimos 20 años. Quizá se arrepientan de lo dicho en los debates, de lo no dicho, de los tuits y de las entrevistas dadas o negadas, o de haber presentado tan largo o tan corto programa de gobierno.

Quienes creían ir de primeros, pero en realidad estaban en la cola y afirmaban “la ciudad es un hormiguero de mentirosos”, ya verán, “ladran, Sancho, señal de que cabalgamos” —frase espuria atribuida al Quijote— des-velaron las razones de su invidencia.

Los astutos, como pescadores, “desde la orilla tiraron el anzuelo” y “con la caña de pescar en una mano y el balde para echar los peces al alcance de la otra” algo sacaron. Se le conoce como técnica de pesca a la encandilada.

Otros fueron exitosos y resplandecieron; sin embargo, “al expresar sus puntos de vista”, como “dijeron que sí, pero que también”, se fueron apagando.

Los ególatras muy posiblemente seguirán pensando: “¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino”. Los eternos amantes del statu quo.

Gran cantidad fueron bólidos, brillantes y estruendosos durante segundos, y una vez extinguidos sus fragmentos serán visibles durante un cuatrienio, ojalá en “olor de honradez”.

Ha sido una larga noche estrellada. Hoy toca restregarse los ojos, abrirlos y decidir, como quien tiene un toro enfrente, si quedarse inmóvil, correr o esperar al magnánimo salvador.

Para los jóvenes, el historiador griego Polibio dejó una advertencia: por sus vivencias, los mayores tienen en el máximo aprecio la igualdad y la libertad de expresión, lo cual es extensivo al valor de la democracia. “Pero cuando aparecen los jóvenes y la democracia es transmitida a una tercera generación, esta, habituada ya al vivir democrático, no da ninguna importancia a la igualdad y a la libertad de expresión”. Así, el Estado de derecho penderá de un hilo.

Abrir los ojos significa ser conscientes de que Costa Rica no es ni una tragedia ni el monumento que se alaba. Mal que bien, pese a, no obstante, a pesar de... el país se sostiene y se le reconoce como una democracia plena. Cerrar los ojos a las virtudes sería un error y hacer la vista gorda a los problemas, un mayúsculo error. El bienestar lo merece el total, no un residuo.

Es innecesario leer los informes del Estado de la Nación, del BID, del FMI, del Banco Mundial, de la OCDE, de las cámaras, de las asociaciones, de los investigadores, de los analistas, etc., para conocer el real estado del país en lo muy bueno, lo bueno, en lo regular y en lo malo. Es evidente.

La ceguera tiene, por tanto, múltiples manifestaciones. Lo dijo Polibio, el “ejercicio más seguro en materias de gobierno es el que se aprende en la escuela de la historia, y que la única y más eficaz maestra para poder soportar con igualdad de ánimo las vicisitudes de la fortuna es la memoria de las infelicidades ajenas”. Desearía que el mundo no fuera tan desigual, pero como nos es imposible arreglarlo enteramente, por lo menos hagamos la parte que nos corresponde, con lucidez, des-lumbrados, una vez conocido quién es quién en estos comicios.

gmora@nacion.com

Guiselly Mora

Guiselly Mora

Guiselly Mora, editora de Opinión de La Nación, es periodista, correctora de estilo, especializada en literatura latinoamericana, administradora familiar, escritora y experta en cocina internacional.

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