Costa Rica no está en crisis de infraestructura. Pero el margen se está agotando. Ese es, probablemente, el mensaje más importante del Reporte de Infraestructura 2026, elaborado por el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec).
El país aún funciona. Sus aeropuertos operan, el sistema eléctrico es robusto y la red vial sigue conectando territorios. Pero bajo esa aparente normalidad, se acumulan señales de desgaste que ya no pueden ignorarse.
Los resultados son claros. Solo el sector eléctrico alcanza una calificación excepcional (93 puntos). Los aeropuertos se mantienen en un nivel adecuado (82 puntos), con una gestión relativamente sólida y avances sostenidos. Pero el resto del sistema presenta debilidades importantes. Carreteras, puertos y agua potable se ubican en niveles limitados (70 puntos), con brechas en la inversión, la planificación y la ejecución. Y el caso de los puentes es particularmente crítico, con una calificación que los sitúa en riesgo (60 puntos).
El patrón es consistente. La infraestructura no está fallando porque se encuentre colapsada, sino porque está envejeciendo sin una reposición equivalente. Muchos de los activos que hoy sostienen la economía fueron construidos hace más de dos décadas. Han rendido frutos, pero no han recibido el nivel de inversión necesario para mantenerse al día con las demandas actuales.
El problema no es solo físico. Es de gestión. El propio reporte insiste en que lo relevante no es medir únicamente la condición de los activos, sino la capacidad del país para planificar a largo plazo, ejecutar proyectos a tiempo, asignar recursos de forma eficiente y dar seguimiento a las inversiones. Ahí es donde aparecen los principales rezagos.
Hay planes que no se actualizan, proyectos que se retrasan y decisiones que no se traducen en obras concretas. El resultado es una infraestructura que funciona hoy, pero con un pronóstico incierto para el futuro. Desde la perspectiva del desarrollo, esto marca un punto de inflexión.
La infraestructura no colapsa de un día para otro. Se deteriora gradualmente hasta que deja de ser suficiente. Costa Rica aún está a tiempo de evitar ese escenario. Pero el reporte deja claro que ese tiempo no es indefinido.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
