A pocos días de la apertura del nuevo gobierno, como ciudadano que cuenta con información limitada, me parece pertinente la inclinación por las ventajas de la conversación pública equilibrada que ha puesto en práctica la presidenta electa. Me lleva a pensar que es cierto, como alguien escribió, que la única cualidad indispensable para quien está en posición de poder es la capacidad de aprovechar las circunstancias.
Estoy seguro de que los siguientes cuatro años depararán situaciones controversiales, desentendimientos profundos y hechos penosos; siempre es así, y en este caso, la cosa no será todo el tiempo como para reír y cantar. Pero pienso también que la presidenta electa y un buen lote de los responsables activos en las tiendas contrarias, dentro y fuera de la Asamblea, no desconocen la tusa con que se rascan y están en condiciones de desempeñar sus respectivos roles con buenos instintos.
En suma, que, después de todo, este ciudadano está tranquilo y hasta embargado de cierto espíritu festivo.
Así las cosas, viene a cuento mencionar que conocí a la presidenta electa cuando ella se desempeñaba como asesora legislativa, aunque entonces no la traté, lo que ahora deploro. La asesoría legislativa, dentro o fuera de la Asamblea, fue una actividad a la que me dediqué también por mucho tiempo. Tengo entendido que, de aquella actividad, la ahora presidenta electa saltó pronto al escenario político, dejando tras de sí esa posición velada para afrontar cargos de alto relieve público.
Esto denota empuje y coraje; en fin, lo que me faltó a mí. Para bien o para mal, de una u otra manera seguí siendo asesor todo el tiempo, y en cierta medida me veo reflejado en lo que alguien decía jocosamente del auténtico asesor: “Pertenece a una raza totalmente diferente de la del poderoso. En realidad, es un vago. Murmuradas al oído del príncipe, sus palabras producen el máximo impacto sin tener que pasar por la agobiadora fatiga de medrar. Luego regresa tranquilamente a su biblioteca…”.
Desmentido, aunque a veces solapado, el antiguo prejuicio que negaba a las mujeres capacidad de concebir ideas elevadas y reflexiones profundas por sí mismas, los dilemas que aguardan a la presidenta electa entre propios y extraños y las decisiones que tome serán el pincel con el que dibuje su perfil histórico. De buena gana, deseo que lo haga bien.
carguedasr@dpilegal.com
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.