¿Qué hacen los diputados cuando trabajan? De mi experiencia, deduzco que tienen dos clases de ocupaciones. La mayoría de ellas se desarrolla en órganos y recintos legislativos, en ocasión de los procedimientos. A veces, estos solo requieren su atención; otras, también su intervención activa. En el último caso, queda una huella que cualquiera puede ver y juzgar, porque está documentada.
Otras veces, sus actividades se desarrollan a lo externo de aquellos órganos y fuera de los procedimientos. Así ocurre, por ejemplo, cuando visitan las comunidades de donde proceden, porque, salvo algunos pocos de ellos a los que se atribuye la condición de diputados nacionales, la mayor parte tiene un nexo debido a su origen provincial.
En el último caso, la jurisprudencia constitucional ha admitido que, mediante esos contactos variopintos, los legisladores cubren una función típica de su carácter representativo: la función de reacoplamiento, que en nuestro sistema puede estar opacada por el hecho de que el cargo no admite la reelección sucesiva.
De lo anterior se desprende que la ocupación de los legisladores no es burocrática, que no es fácil hacerla bien sin absorbente dedicación, y que exige aptitudes diversas, según el caso. De ahí la cuestionable costumbre de los medios de calificarla con base en un solo dato, como el número de proyectos de ley que cada quien presenta o la frecuencia de intervenciones activas en los procedimientos.
La percepción de las exigencias del trabajo legislativo podría estar condicionada, además, por el entorno partidista en que el diputado se sitúa, dado que su elección procede de partidos que los han postulado. En las fracciones numerosas, es posible que se manifieste el principio de división del trabajo, cosa que desde luego no ocurre en fracciones unipersonales.
El tiempo disponible para el trabajo legislativo intraorgánico, que es el primer caso, es muy limitado. Está demandado por las comisiones de todo carácter y las sesiones plenarias: las primeras son desmesuradamente numerosas para una asamblea de reducido número de miembros, y son diversamente exigentes.
Por otra parte, el tiempo destinado a la función de reacoplamiento no puede limitarse sin que, en el caso de muchos legisladores, los distancie inconvenientemente de cumplir con su fuente de legitimación.
No obstante el complejo contexto, es llamativo que el actual cuatrienio legislativo cierra con más de 2.280 proyectos de ley presentados y 674 leyes aprobadas.
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.
