Columnistas

Polígono: Atávico optimismo

No hay diferencia entre quemar vegetación nueva y quemar vegetación paleogenética

En un buró de cambio de una ciudad nórdica nos vimos rodeados de maceteros con plantas típicas de los charrales costarricenses. Al notar nuestra sorpresa, un caballeroso recepcionista del banco nos dijo en francés: «Vean ustedes cómo la especie humana será eternamente atávica». Aquella irrefutable eclosión de sabiduría me dio oportunidad de puntualizar: «Más exactamente, la especie humana será atávica mientras exista». El recepcionista estuvo de acuerdo y ahora pienso que si él hubiera estado a cargo de cierta campaña política, en vez del eslogan MAGA, habría creado, para delicia de los conservacionistas, el Maaba (Make America A Bush Again o «Volvamos a hacer de América un matorral»).

Asocio aquel encuentro con las vistas de las urbes en las que los arquitectos diseñan edificaciones cubiertas con vegetación y, a fuer de simplistas, los declaran arquitectura ecológica. Lo que me lleva a otra cosa: el apresuramiento tecnológico que conduce a esta atávica especie a cometer una imprevisión tras otra. Ejemplos al canto:

Algunos países desarrollados promueven una «solución ecológica» que consiste en quemar madera y no combustibles fósiles, con el sandio argumento de que lo primero produce cero emisión de gases de efecto invernadero. La atávica simplicidad de los políticos les impide ver que no hay diferencia entre quemar vegetación nueva y quemar vegetación paleogénica. No en vano decían los belgas que el destino del gemeentezot (bobo del pueblo) era la política.

Hace algunos años, desde un parque solar en los Balcanes los científicos advertían que la eficiencia fotovoltaica de los paneles solares no sobrepasa el 15 %, pese a que absorben más del 80 % de la energía solar, lo cual significa que 10 m2 de panel solar producen una reducción en el albedo del planeta equivalente a la que se genera con la desaparición de 6 m2 de hielo en el Ártico. Pues bien, al parecer, fue afortunado que la semana pasada, solo en Alemania, millones de paneles solares estuvieran inutilizados por la capa de nieve que los cubría.

Por último, resultan patéticas las fotos en las que se ve, en Texas, el lanzamiento, ¡desde helicópteros!, de chorros descongelantes sobre las aspas de las torres electroeólicas trabadas por la nieve. En fin, somos una especie atávicamente imprevisora… mientras exista.

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.

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