Todos los poderes de la República son igualmente importantes, pero, como abogada y por experiencia, considero que el más relevante para sustentar la teoría de pesos y contrapesos desarrollada por Montesquieu es el Poder Judicial.
En una rápida lección de Cívica, recordemos que, según la Constitución, contamos con cuatro poderes, uno más que la mayoría de los países. El Ejecutivo es el llamado a ejecutar las leyes y, en un sistema presidencialista, tiene el mayor peso en la ejecución de proyectos. El Legislativo es el encargado de crear las leyes y controlar al Ejecutivo, de forma directa y por medio de órganos como la Contraloría, que resguarda el erario público, y el Tribunal Supremo de Elecciones, que vela por el sufragio universal. Por su parte, el Poder Judicial es el llamado a resolver controversias y definir la correcta aplicación de la ley.
El Poder Judicial, por medio de la Sala Constitucional, resguarda la Constitución Política y procura que se respeten los tratados internacionales y los derechos constitucionales de la ciudadanía. Por ejemplo, ante una detención indebida está el habeas corpus, mientras que cuando se incumplen o violan derechos, estos pueden recuperarse mediante un recurso de amparo, como ocurre ante una violación del debido proceso o del acceso a la cobertura de salud.
Además, el Poder Judicial imparte justicia y, si bien reconozco que existe mora judicial que nos afecta tremendamente –tema de otra columna en la que sugerí algunas propuestas–, es el poder que garantiza que todos somos iguales ante la ley y que nadie está por encima de ella.
Remarco la importancia de dos órganos del Poder Judicial: el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y el Ministerio Público. Uno investiga si ha habido acciones que constituyen delitos y el otro dirige las acusaciones penales. Ambos están en la primera línea de defensa contra el crimen organizado y el narcotráfico, y sus operativos han logrado desarticular redes que tanto daño le hacen al país.
Entendiendo su rol estratégico, como ciudadanos que llevamos la democracia en nuestro ADN, no permitamos ningún intento que pretenda desacreditarlos o debilitarlos. Recordemos que sus éxitos son también éxitos del Poder Judicial.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.
