En las últimas semanas ha quedado al descubierto que, con algunos jugadores de esta nueva generación de futbolistas, Jorge Luis Pinto no solo tenía razón, sino que incluso se quedó corto. La indisciplina de algunos ha traspasado fronteras y nos deja al desnudo como nación. Tristemente, esto ocurre a pocas horas del inicio de la Copa Mundial de Fútbol y jamás pensé decirlo: no merecemos ir.
Creo firmemente que el fútbol es mucho más que un deporte. Por sus características, representa al país ante el mundo. Es una actividad que despierta todo tipo de emociones, tiende puentes entre desconocidos e incluso entre adversarios, pues frente a un gol de la Selección, todos nos unimos en un abrazo y en un solo grito. Además, los jugadores no solo tienen un rol en la cancha: también tienen la responsabilidad de inspirar y ser ejemplo para las generaciones futuras.
Dicho lo anterior, lo sucedido con varios jugadores que representan al país y llevan nuestra bandera en el pecho proyecta una pésima imagen. Ya lo dijo el entrenador de Colombia, Carlos Restrepo: “Estoy preocupado por la indisciplina del equipo costarricense”.
Uso de armas de fuego, carros baleados y jugadores en bares, consumiendo licor de madrugada, pese a tener concentración a primera hora del día siguiente: eso no es lo que necesita la Selección ni tampoco la Liga, mi equipo, que acertadamente tomó medidas de inmediato. Pero el tema da para mucho más.
Como lo señaló Restrepo, los equipos y las federaciones deben dar un paso adicional en la educación de los jóvenes. Hoy, el asunto reputacional pesa más que nunca y, en ese aspecto, nos sacamos una muy mala nota.
Tal como lo he señalado anteriormente, el profesor Pinto, director técnico de la selección masculina durante el Mundial de Brasil 2014, tenía razón al exigir disciplina al equipo, base de su exitoso desempeño. Nos queda una gran tarea por delante, pues algunos atletas de esta nueva generación llegan con importantes deficiencias educativas. Como país, debemos invertir en su formación para rescatarlos y aprovechar su potencial. Vale la pena.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.