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Pasaporte covid sin excepción

Es urgente que el carné de vacunación sea requisito para trabajar y hasta para viajar en bus

La arbitraria, egocéntrica e incivil actitud de un diputado antivacunas —que no vale la pena identificar— es el reflejo de un grupo que atenta contra el interés de la mayoría de los ciudadanos que ansían dejar atrás, con prontitud, la tortura que significa la pandemia.

El legislador retrata muy bien, para mal, la típica conducta y el costo económico de quienes rehúsan, sin razón, inocularse contra la covid-19.

Los antivacunas tienen derecho a elegir lo que ponen en sus cuerpos e incluso se les acepta el ajado discurso de «bienvenida la muerte si esa es la consecuencia». Magnífico, sigan su camino, pero solos, porque no se vale que pretendan llevarse consigo al prójimo que sí valora su salud y su vida. Justo allí está el foco de conflicto.

Son tan insensatos que pretenden que los vacunados —la mayoría— los admitan en su entorno como si nada, aunque esté comprobado, científica y estadísticamente, que representan una amenaza para la salud pública.

Si acompañaran de aislamiento social su decisión de no vacunarse, nadie reclamaría, pero, todo lo contrario, utilizan el transporte público, van a sitios de trabajo y hasta asisten a reuniones y fiestas por cuanto su explícita consigna es «qué me importa que el otro se infecte».

Su desprecio al prójimo va más allá. Cuando se saben contagiados, renuncian a morir y, ahí sí, corren a hospitales públicos a exigir atención médica y a quitar camas y oxígeno a pacientes que quizás se protegieron, pero tuvieron la desgracia de ser contaminados.

Tal irresponsabilidad socava la seguridad social, pues la Caja Costarricense de Seguro Social, no ellos, se ve obligada a financiar el costoso tratamiento. Solo ese costo económico justifica que el gobierno, con respaldo de los diputados, evalúe exigir gradualmente el pasaporte covid a ciudadanos que pretendan usar el transporte público o frecuentar edificios del Estado, comercios, bares, sitios de fiesta o deportivos.

La obligación de presentar el carné de vacunación, impreso o digital, debe convertirse en un requisito temporal para dejar atrás, lo más pronto posible, esta crisis que nos atormenta y castiga con desempleo, hospitalizaciones y muertes.

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga

Armando Mayorga

Ingresó a La Nación en 1986. En 1990 pasó a coordinar la sección Nacionales y en 1995 asumió una jefatura de información; desde 2010 es jefe de Redacción. Estudió en la UCR; en la U Latina obtuvo el bachillerato y en la Universidad de Barcelona, España, una maestría en Periodismo.