Thelmo Vargas. 18 enero

En las últimas décadas, se han producido notables cambios en el entorno financiero-contable los cuales conviene tener presentes para reaccionar con propiedad.

En este artículo comentaré tres: el crecimiento de la propiedad intangible, el advenimiento de tasas de interés negativas y el uso, para efectos impositivos en Costa Rica, del método de depreciación Ross Heidecke.

La hacienda de Chalo, con sus 200 cabezas de ganado, pastizales, bodegas, garajes, tractores y casas para los peones y su familia, no solo es muy linda, sino también muy valiosa. La ferretería de Fernando está en un moderno edificio, posee un gran inventario de productos para la venta y varios camiones de reparto. La tienda de Clotilde alquila un sitio esquinero, muy céntrico, y está llena de ropa, muebles, bisutería y otros artículos para la venta.

Los activos de dichos negocios son, en su mayoría, tangibles, y en los balances de situación aparecen claramente identificados, así como su valor inicial y la depreciación acumulada. Para protegerlos, los propietarios suelen contratar el servicio de guardas 24/7 y los seguros incluyen la mayoría de las coberturas típicas, como lo son robo, incendio, inundación y terremoto, los cuales, para indemnizarlos, toman en cuenta el valor real del bien en el momento del siniestro.

Antes de la concesión de un crédito, los bancos analizan el historial del solicitante, su posición en el mercado, el desempeño en el tiempo y el apalancamiento financiero. Esto último es la relación que el saldo de la deuda mantiene con respecto al total de los activos netos; no solo indica quiénes, a fin de cuentas, son los verdaderos dueños de la empresa, también constituye una señal del riesgo de crédito que representa.

Una empresa con apalancamiento del 70 % es más propiedad de los acreedores que de los accionistas, y ante la menor baja en las ventas podría quedarse sin recursos para pagar las obligaciones con bancos, Hacienda, Caja de Seguro Social, etc.

Valores inmateriales. Gracias a los avances en las tecnologías de la información y las telecomunicaciones (TIC), una proporción cada vez más grande de los activos empresariales son intangibles, no físicos. Mientras en 1975 los intangibles eran mayoritarios en las empresas más grandes del grupo S&P 500, a saber IBM, Exxon Mobil, Procter & Gamble, General Electric y 3M, en 1995, la proporción en las principales cinco empresas de ese grupo (Apple, Alphabet, la madre de Google [Microsoft], Amazon y Facebook) representaban más del doble que los tangibles. Ya en el 2018, en las empresas más destacadas del S&P 500 los activos intangibles equivalían a más de cinco veces los activos físicos.

En general, la gente conoce las grandes categorías de activos tangibles —caja, inventarios, maquinaria, edificios, terrenos—, pero ¿cuáles son las intangibles, que tanta preponderancia han adquirido recientemente? Son las patentes, marcas, royalties, derechos de mercadeo, licencias de software, bases de datos, cantidad de clientes, concesiones, fondo de comercio (mejor conocido por su nombre en inglés goodwill) y una veintena más de conceptos. Empresas como Uber tienen gran actividad en transporte y no poseen vehículos; Airbnb posee muchos ingresos por hotelería y no es dueña de ningún cuarto.

Así como “lo que por agua viene, por agua se va”, el valor de los activos intangibles está expuesto a variaciones en períodos cortos, pues un competidor podría ingresar al mercado con una tecnología disruptiva y desplazar en cualquier momento a empresas establecidas.

Por ello, los principios de contabilidad y las normas de información financiera generalmente aceptadas exigen revisar cuidadosamente el valor de los activos intangibles, cuando menos, cada año para, de ser necesario, registrar la pérdida experimentada. Pero ¿cómo funcionan aquí, donde sobresalen los riesgos cibernéticos, los seguros? En esto, el avance no ha sido muy notorio.

Tasas de interés negativas. En ciertos países, predominan las tasas de interés negativas. El Tesoro de los Estados Unidos reconoce a los compradores de títulos de deuda, con vencimiento a diez años, un 1,8 % de interés anual. Pero los títulos equivalentes en plazo emitidos por los Gobiernos de Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda, Japón y Suiza pagan tasas negativas, es decir, quien invierte en ellos debe pagar por el privilegio de hacerlo.

La explicación es esta: en un medio macroeconómico relativamente incierto, como el actual, el inversionista cauto no necesariamente buscará el retorno sobre su inversión, sino el retorno de su inversión. En otras palabras, más que hacer inversiones rentables, pero riesgosas, que podrían llevarlo a perder hasta el principal, debe optar por emisores que le garanticen que no lo perderá.

Las tasas de interés negativas no son del agrado de los ahorrantes, viejos pensionados, muchos de ellos. Pero “¡qué belleza las tasas fijas y subcero!”, dirán los jóvenes que, con financiamiento externo, quieren comprar un apartamento.

En Dinamarca, el Jyske Bank acaba de comenzar a ofrecer préstamos hipotecarios a una tasa de interés del -0,5 % anual. Sin ir necesariamente al caso de Dinamarca, porque aquí no tenemos su sirenita, muchos suscribirían con alegría contratos de préstamos hipotecarios con tasa de interés cero, fija por 30 años. Podrían recibir, por ejemplo, un préstamo de ¢100 millones cuya cuota mensual sería de solo ¢278.000.

Depreciación no lineal. Pero ¡cuidado! No hay que ponerse muy vivo. Porque si se opta por una construcción de alto valor, de seguro le caen la municipalidad y hasta el Ministerio de Hacienda para cobrarle el impuesto municipal y el solidario, sacándole así parte de lo ganado.

En efecto, según el Manual de valores base unitario por tipología constructiva, la depreciación que el gobierno autoriza a las construcciones no es lineal, sino con base en el denominado método Ross Heidecke, el cual somete a sumas, restas, divisiones y elevación al cuadrado la vida útil y la edad de la construcción en el momento del cálculo para que el coeficiente de depreciación sea muy bajo durante los primeros años.

Si una construcción cuya vida útil es de 50 años se depreciara por el método de línea recta, en una década su valor neto sería el 80 % del inicial. Pero, de conformidad con la fórmula Ross Heidecke, es el 88 %, y con base en ese porcentaje cobrarán los impuestos. Además, existe la posibilidad de que las autoridades eleven el precio del metro cuadrado de construcciones de similar calidad y, para efectos tributarios, una casa o apartamento valdrá cada año más que el anterior.

Por eso, algunos amigos míos, empresarios, adultos mayores, han decidido contar no solo con médico de cabecera, sino también con un profesional financiero-contable de cabecera. En uno y otro caso, por el mismo motivo: reducir las probabilidades de sufrir un patatús.

El autor es economista.