Columnistas

Página quince: Juventud, política y poesía

Si quieren forjarse un futuro propio, deben estudiar hasta con los codos

“Juventud, divino tesoro”, exclamó el vate, mas, a renglón seguido, advirtió: "¡Ya te vas para no volver!”. Y sigue: "La vida es dura. Amarga y pesa. ¡Ya no hay princesa que cantar!”. El bardo nicaragüense murió hace algo más de cien años, pero su voz suena todavía, inigualable.

Rubén Darío también estuvo en política, no crean, por gratitud hacia su mecenas, el presidente José Santos Zelaya (al mando de 1893 a 1909).

¡Quién habría pensado que el poeta modernista se metería en la arena política para defender sus ideales, entre otros con manifiestos desde Bruselas! ¡Está bien! Quien señala que no se mete, que la política no le importa, ya está definiendo una postura que tendrá su fuerza en el balance de fuerzas. Pero de esos parásitos perezosos, unos y vividores, otros, ya nos sobra el impacto.

Lo afirmo porque qué desilusión ver el movimiento en día pasados, supuestamente en defensa de la patria. Esta se defiende con ideas, no con piedras, ni se queman vehículos de la policía o de quien sea.

Van tres pequeñas situaciones de enorme repercusión. ¡Qué esforzado el que con una motosierra bota un árbol sobre la carretera y de paso se lleva postes y tendido eléctrico! ¡Qué tropel tenebroso, del que me tocó sufrir las consecuencias, en un bus desde Cartago!

¡Si interfirieron hasta con una ambulancia! ¡Qué deprimente la tropa imberbe que, cerca de Limón, a una familia francesa, desesperada y sin trabajo, le rompió el parabrisas y otros elementos del auto!

¿Qué patria de patraña quieren, contribuyendo a matar la gallina de los huevos de oro que es el turismo? Pero el forastero no es tonto, ve y compara, siente que democracia y palabrería no riman; en cambio, pacifismo y vandalismo sí, pero por la cola, siendo vivencias exactamente opuestas.

Anclándose a esa plaga, otro azote peor se está incrustando en la patria. Lo reconoció, pero tarde, el mismo José Miguel Corrales, viejo político que pensaba lanzar una quijotada y le salió el tiro por la culata, siendo quien hace años clamó en el desierto respecto de la penetración del narco en este país. Tarde reconoce que de ese lado estamos atrapados, si no estrangulados.

Algo le pasa a la juventud. Primero, deberían estar atentos a la covid-19, en seguida, que se formen en conocimiento y valores, no monetarios, sino de conducta, actitudes con las mujeres, entre otros.

Véase ese criminal que no solo mató a una inocente criatura en Cartago, sino también fue capaz de tirarla a la basura. ¡Basura es la que tiene en la cabeza! Ser joven es una delicia, una aventura, un reto, pero la semana pasada, los que vi en acción, gandules gregarios, no estaban haciendo política; ni siquiera saben expresarse bien (y eso que “por hablar no se cobra”, nos recordaba el viejo Figueres). ¡Vaya vejamen, vesania vil le están causando al país!

Unos vagabundos acostumbrados a pensar que todo debe venir en bandeja, sin esfuerzo, porque tienen “derecho”. Por la misma situación dramática del país, si quieren forjarse un futuro propio, deben “estudiar hasta con los codos”, como dicen por allí; aprender otro idioma, forjar no forcejear.

Pero demasiado escapismo verbal subsiste en el país, con lo que escuché a varios políticos, usando la falaz fórmula fementida del “podemos salir adelante”. ¿Hacia dónde lleva ese trillo, tembloroso o temerario? Hagamos política, sí, activamente, en combate plural de ideas, pero tampoco tengamos miedo a remangar la camisa.

Ahora que una poetisa ganó el codiciado Premio Nobel de Literatura, acordémonos que hasta el arte sirve, y pienso no solo en Louise Glück, dichosa, sino también en varios poemas tan lindos de Brenes Mesén y de Omar Dengo.

valembois@ice.co.cr

El autor es educador.

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