
Contrario a lo que se pueda pensar de entrada, en Costa Rica, después de 1948, la veda electoral no fue un comportamiento político asumido como incuestionable por parte del gobierno de turno, así como tampoco se anularon del todo los cuestionamientos partidarios a los resultados de las elecciones presidenciales, particularmente cuando el derrotado era el oficialismo.
Por eso, múltiples veces, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) censuró a los gobiernos de turno por quebrantar esa norma. A ese menester también contribuyó la prensa independiente, pues, cuando las encontró, denunció las violaciones a la ley.
Así, fue necesario construir una cultura electoral, la cual muchas veces se da por sentada y recientemente hasta cuestionada, así como, sin pruebas, también se ha puesto en entredicho la neutralidad del TSE.
En ese sentido, es como si, en lugar de avanzar, la cultura democrática nacional caminara hacia atrás.
Por eso, quizá recordar dos momentos en los cuales se impuso la neutralidad electoral ayude a subrayar la necesidad de defender los logros democráticos de esta nación.
Y, para mejor evidenciar la autoridad del TSE y la necesidad de contar con una prensa independiente en momentos electorales, voy a citar al “coco”, pues, probablemente, en sus inicios, el personaje político menos inclinado a respetar la veda electoral señalada fue José Figueres Ferrer (1906-1990).
1958
Don Pepe Figueres, ganador de las elecciones de 1953, gobernó constitucionalmente el país entre 1953 y 1958. Ya en ese momento, el Partido Liberación Nacional (PLN, fundado en 1951) tenía varios posibles sucesores para su caudillo. En su convención interna, se eligió a Francisco J. Orlich como candidato presidencial para las elecciones de 1958.
Por su parte, el 20 de enero de 1957, la autollamada oposición liberacionista realizó una convención, en la cual se enfrentaron cuatro personas por la candidatura del Partido Unión Nacional (PUN): Mario Echandi, Alberto Oreamuno, Manuel G. Escalante y Fernando Lara.
Desde su exilio en México, el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia pidió el apoyo de sus seguidores para Oreamuno, pero el ganador fue Echandi, quien, en un arranque de furor, exigió “garantías electorales” con la advertencia de que, si no se daban, boicotearía las elecciones nacionales al pedir a sus seguidores que no asistieran a las urnas.
¿Por qué esa posición tan radical de Echandi?
Desde muy temprano en la campaña electoral, mucho antes de tener candidato, los oposicionistas habían subrayado que el Poder Ejecutivo debía ser neutral en términos electorales y no “encender los odios” de la contienda. Eso, porque Figueres insistía en tomar partido.
En sus memorias, Jorge Rossi, candidato del Partido Independiente (PI) y antiguo ministro figuerista, reveló haber recibido una carta del presidente Figueres el 19 de febrero de 1957, en la cual les pedía a Orlich y a él limar asperezas para anunciar una coalición electoral entre el PLN y el PI.
Un día después, La Nación citó una entrevista de Figueres con el periódico La Estrella, de Panamá, en la cual el presidente advirtió de que, si el PLN perdía las elecciones, a él lo sucedería en el poder un gobierno conservador, por lo cual su deseo era el triunfo de Orlich.
A mitad de marzo de 1957, el PUN aseguró que el gobierno estaba empecinado “por mantener su actitud de beligerancia política a favor de una candidatura oficial”, algo a lo cual los liberacionistas reaccionaron con el argumento de que el gobierno podía no ser neutral en la lid política, pero sí era imparcial.
No obstante, cuatro ministros del Gobierno renunciaron el 12 de marzo y denunciaron como motivo la militancia política del presidente.
El 22 de marzo, Figueres reaccionó con un discurso radiofónico con el cual negó que la Constitución lo obligara a ser neutral y hasta presentó un alegato oficial en ese sentido, escrito por un grupo de sus abogados, pero fue rechazado de plano por el TSE. El presidente debía respetar la ley electoral.
En las siguientes semanas, el PI denunció en la prensa que los liberacionistas estaban utilizando la obra pública de su gobierno como tarjeta de presentación del candidato oficial y, más grave, que el Poder Ejecutivo estaba presionando a los gobiernos locales para solicitar adhesiones al PLN.
Eventualmente, Echandi ganó las elecciones.
1974
Figueres volvió a la presidencia en 1970 y gobernó el país hasta mayo de 1974.
El 8 de agosto de 1973, el TSE convocó a las elecciones nacionales y esa misma noche, el doctor Luis Burstin, médico muy cercano a Figueres, entrevistó a Daniel Oduber, candidato presidencial del PLN, en una cadena televisiva que se extendió por dos horas y media.
La campaña parecía fría, pero conforme se acercaron las elecciones calentó de súbito. Oduber acusó al Partido Unificación Nacional, formado por opositores al PLN, de tener un plan para realizar un fraude electoral, mientras los otros candidatos aprovecharon la oportunidad para señalar que el liberacionista tenía miedo de reconocer por anticipado su derrota.
Para soplar más sobre esas brasas, desconocidos le pegaron fuego a un monumento al sufragio, hecho de fibra de vidrio y madera, el cual iba a inaugurar Figueres en Llano Grande de Cartago, el 27 de enero de 1974.
Al llegar al sitio del siniestro, Figueres se dirigió a la población para recordar que en la década de 1940 también los habían humillado, pero de ahí “salió el rayo que los fulminó”. De esa forma, simbólicamente, el presidente vinculó 1948 con 1974, en un momento esencial para animar el voto de los liberacionistas.
El 24 de enero de 1974, el periodista Julio Suñol, director del Diario de Costa Rica y crítico acérrimo del presidente, resumió así lo que consideraba una nefasta compulsión electoral:
“Ya es suficiente con lo que tenemos. Partidos millonarios y a veces vacíos moral e intelectualmente. Un partido con el apoyo solapado de la maquinaria oficial. Un gobierno y un partido con periódico propio, con televisora, con radioemisora, con deuda política adelantada, con preferencias publicitarias de ciertos órganos del Estado. ¡Basta ya! ¡Es bastante!”.
Suñol temía que el modelo partidista de Costa Rica derivara en una reproducción del modelo del Partido Revolucionario Institucional mexicano, lo cual explicó como un tipo de régimen con “partido único, con dictadura institucional disfrazada y cubierta con la máscara propagandística del sedicente beneficio popular y de la ayuda a los más débiles”.
Por supuesto, en las denuncias de Suñol, subyacía su enfrentamiento con Figueres por sus vínculos con Robert Vesco, pero también lo enojaba que el presidente no respetara la veda electoral.
Esas elecciones las ganó Oduber. En los siguientes años, la veda electoral se afirmó sin cuestionamientos y hasta se anuló el artículo 98 de la Constitución Política con el cual se había prohibido la participación del Partido Vanguardia Popular en las elecciones.
david.diaz@ucr.ac.cr
David Díaz Arias es profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).
