Columnistas

Necesitamos atraer el ‘know-how’

Necesitamos muchos profesionales en disciplinas científicas, tecnológicas y creativas

La crisis sistémica causada por la covid-19 dejó, entre otras cosas, una recesión económica mundial. La “sindemia” se sumó a los retos complejos que el mundo enfrentaba, como el cambio climático, la creciente desigualdad y el aumento de los flujos migratorios, por citar solo algunos.

Para Costa Rica, a todo lo anterior se le añadió el problema fiscal —mitigado pero no resuelto— un crecimiento moderado —el Banco Mundial prevé un 3,2%— impulsado sobre todo por la inversión extranjera y el sector exportador, el desempleo —en especial, el de las mujeres y jóvenes—, la exacerbación de la inseguridad y la informalidad, y el apagón educativo acentuado por el cierre prolongado de las aulas, que agravó la preexistente pobreza de aprendizaje en más de un millón de estudiantes.

Dentro del escenario global, la competitividad del país está en juego. A escala doméstica, los indicadores de desarrollo humano que han permitido una buena calidad de vida a la mayoría de la población amenazan con deteriorarse.

La tarea es titánica, supera el plazo de una administración y demanda alianzas entre todos los sectores. Se impone buscar soluciones innovadoras para aumentar la productividad del país, generar más empleo de calidad, reducir la informalidad y preservar el bienestar social.

Ricardo Hausmann es reconocido mundialmente por su teoría de desarrollo socioeconómico basado en el aumento del know-how colectivo. Para este economista de Harvard, el secreto de la prosperidad es la tecnología, compuesta por tres factores: herramientas y equipos, códigos o recetas y el know-how o conocimiento tácito.

Los dos primeros son relativamente fáciles de diseminar; no así el conocimiento, porque se adquiere lentamente, a través del aprendizaje, la imitación y la repetición. Para ello se requiere movilizar personas, pero no unas cuantas, sino a mucha gente con diversas especialidades para que su know-how colectivo impacte en la producción a la vez que se produce la transferencia de conocimientos.

La investigación del Laboratorio de Crecimiento dirigido por Hausmann detectó que los países cuyas exportaciones son más complejas de lo esperado para su nivel de ingresos crecen más rápido. Por tanto, el crecimiento puede ser impulsado por un proceso de diversificación de los conocimientos técnicos para producir un conjunto más amplio y cada vez más complejo de bienes y servicios.

En general, los países menos desarrollados carecen o tienen escasez de know-how colectivo; en consecuencia, producen menos bienes per cápita, estos son menos variados y poco sofisticados.

Los productos más complejos y sofisticados demandan mayor know-how colectivo; en otras palabras, requieren la participación colaborativa de equipos con diversas especialidades. Precisamente, las sociedades modernas y más desarrolladas cuentan con grupos interdisciplinarios, lo que facilita consolidar una gran cantidad de conocimiento individual cuyo resultado es un amplio conocimiento colectivo. Él lo ilustra con la diferencia entre un cuarteto y una sinfonía.

De acuerdo con el índice de complejidad económica desarrollado por el Laboratorio de Crecimiento, Costa Rica ocupa un honroso 44.° lugar (en solo 10 años escaló 17 posiciones gracias a las buenas políticas de diversificación productiva y atracción de inversiones).

Los bienes que exportamos caen en las categorías de baja complejidad (turismo y agricultura) y de alta complejidad (equipo médico, partes de motores, componentes electrónicos). De modo que Costa Rica ya no es un cuarteto, pero aún no llega a ser sinfonía.

Para dar ese salto, necesitamos hacer un avance contundente hacia una mayor diversificación de la oferta productiva y exportadora en tres sentidos interdependientes: variedad, cantidad y complejidad de productos.

Producir cosas muy sofisticadas en poca cantidad o grandes volúmenes de bienes de poca complejidad no tiene el impacto necesario para apuntalar el crecimiento económico.

Ya dimos el primer gran paso de movernos hacia productos de alta complejidad, lo que sigue es ampliar el espectro hacia productos semejantes o relacionados, o hacia aquellos que requieran un know-how similar para aprovechar las capacidades desarrolladas. Este genera un ciclo virtuoso de apertura de más oportunidades para la diversificación continua.

Además, la diversificación debe ser sostenible. Para ello es necesario el talento humano, mucho know-how colectivo. Necesitamos muchos profesionales en disciplinas científicas, tecnológicas y creativas. Es decir, el país requiere ampliar significativamente su base de personas con formación, lo que se conoce internacionalmente como STEAM y que yo traduzco como MATIC (matemáticas, arte, tecnología, ingenierías y ciencias).

En consecuencia, no solo hay que ampliar la inversión en investigación y desarrollo (invertimos tan solo un 0,6% del PIB), sino que hay que graduar a más personas en carreras MATIC (estas solo representan el 37% de la oferta universitaria total). El proceso toma años y lo que no tenemos es el lujo del tiempo. La OCDE prevé que de aquí al 2030 el 80% de los empleos requerirán carreras MATIC.

Por eso, debemos atraer e importar know-how colectivo en cantidades significativas. Costa Rica tiene una diáspora de talento profesional que ha preferido quedarse en el exterior, donde tienen mayores oportunidades de crecimiento y salarios más competitivos.

Además, el engorroso y caro sistema de reconocimiento y acreditación de títulos universitarios obtenidos fuera del país desincentiva el regreso de esa diáspora. En el 2016 se presentó el proyecto de ley 20038 para facilitar el reconocimiento de títulos emitidos por centros de estudios internacionales, pero no tuvo éxito. La reforma debe retomarse, pues también es fundamental para la atracción de talento extranjero.

Existen otros tipos de cuellos de botella para la atracción y retención de recurso humano internacional. Una buena parte corresponde a las empresas, pero para ello dependen de un ecosistema propicio. Es necesario impulsar una política pública de atracción innovadora e integral para diversificar nuestra paleta de profesionales que puedan trabajar en empresas de alta tecnología y a la vez aumentar la I+D.

El Reino Unido aprobó recientemente una vigorosa política de visas de trabajo de dos años —tres para profesionales con doctorado— dirigida específicamente a atraer a personas graduadas en las mejores universidades del mundo, en carreras como ingeniería, ciberseguridad, investigación y ciencias médicas.

Esta política forma parte de la adaptación necesaria tras el brexit, con la que el gobierno británico se propone atraer el “mejor y más brillante talento del mundo” con el fin de construir allá “los negocios del mañana”.

Otros países facilitan visas de trabajo para cónyuges y parejas de estas personas, subsidios al impuesto sobre la renta, cargas sociales diferenciadas por cierto período. No hay que inventar el agua tibia, hay que tomar decisiones.

agl.cr.ca@gmail.com

La autora es administradora pública y activista cívica.

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