Además del dolor por la pérdida de vidas humanas, la amenaza más grave para Costa Rica ante lo que sucede en Oriente Medio es el impacto en la energía, el gas y el petróleo, y el consecuente aumento de precios que afectará nuestros bolsillos.
Si bien algunos analistas comparan lo ocurrido en esa región con la invasión a Ucrania y, por ello, consideran que no se producirá un incremento del 50% en los precios del crudo –como ocurrió tras la suspensión de los tres millones de barriles provenientes de Rusia–, lamentablemente yo no soy tan optimista.
El conflicto ya trasciende a Estados Unidos, Irán e Israel y se ha extendido a toda la región, donde se concentran grandes proveedores de petróleo. Ya no se trata de comparar la interrupción del suministro de Irán, cuya contribución es menor que la de Rusia; ahora están involucrados otros proveedores importantes.
Al momento de escribir esta columna, la infraestructura energética de Kuwait, Catar y Arabia Saudita –el mayor exportador del mundo– había sido afectada. Pero aún más grave es la decisión de Irán de cerrar por completo el estrecho de Ormuz, una franja de 33 kilómetros por la que transita cerca de una quinta parte de la energía mundial.
Algunos apuestan a que la demanda energética es menor que en 2022, cuando el mundo salía de la pandemia, lo cual puede ser cierto. Sin embargo, en contraste, las reservas de emergencia de Estados Unidos –usadas entonces– son hoy un 30% menores.
También se especula que, al haber iniciado el ataque Estados Unidos y dada su capacidad militar, la guerra será muy corta. Ojalá sea así, por las vidas en riesgo y por el ya deprimido crecimiento global de que advierte el FMI. Pero la historia demuestra que lo terrible de las guerras es que se sabe cómo comienzan, pero nunca cómo terminan.
Quisiera ser optimista y esperar que este conflicto sea breve. Sin embargo, el realismo y la historia nos obligan a prepararnos para un aumento en el precio de la energía, sobre todo del petróleo, que impulsa el alza de los demás precios y genera inflación.
Como dice el dicho: es mejor prepararnos para lo peor, deseando que ocurra lo mejor.
nmarin@alvarezymarin.com
Nuria Marín Raventós es politóloga.
