Luis Mesalles. 3 enero

En lo económico, el 2020 presenta retos similares al año anterior, aunque un poco matizados. El problema fiscal ya no es tan grave como cuando recibimos el 2019, pero la solución aún requiere ser consolidada. Si bien algunos indicadores señalan que la actividad económica empieza a recuperarse, todavía hay sectores, especialmente los dependientes de la demanda local, aletargados.

Encima de todo, está el desafío de sobrevivir en un entorno cambiante, en el cual el impacto de la población humana en el clima es innegable.

La reactivación de esos sectores es urgente para crear empleos y, con ello, mejorar el bienestar de la mayoría. El trinomio solución fiscal, reactivación y creación de puestos de trabajo es fundamental para que vivamos mejor; sin embargo, no es suficiente. El país debe tomar acciones desde ya sobre otros retos de carácter estructural con el fin de prepararse para lo que viene en los años veinte del siglo XXI. Están los factores de competitividad (inversión en infraestructura), mejora regulatoria, reducción de trámites, calidad de la educación y aumento del nivel de competencia en varios campos, que el país debe acometer con más vigor. Pero, desde ahora, hay que ir pensando en cómo adaptaremos esos factores a los cambios tecnológicos, los cuales cada día son más acelerados. La infraestructura de telecomunicaciones cobra cada día más importancia que la de carreteras y puertos, conforme la inteligencia artificial y las comunidades colaborativas en la red están cambiando la manera como se movilizan personas y mercancías.

La educación de los jóvenes, y el reentrenamiento de los no tan jóvenes, debe enfocarse en una preparación para enfrentar circunstancias que hoy son desconocidas para nosotros. En ese sentido, es fundamental crear condiciones que generen igualdad de oportunidades para todos con miras a minimizar los rezagados ante los múltiples cambios.

También está el reto de cómo atender una población que envejece. La producción de bienes y servicios, los servicios de salud y el financiamiento de las pensiones deben adaptarse a las necesidades de este grupo etario. Encima de todo, está el desafío de sobrevivir en un entorno cambiante, en el cual el impacto de la población humana en el clima es innegable. Esperamos que en el 2020 el país se prepare para afrontar los retos estructurales, sin descuidar los coyunturales, que aún persisten.

El autor es economista.