Luis Mesalles. 31 julio

Jeff Bezos, fundador de Amazon, una de las empresas más grandes del mundo, contó recientemente su historia ante el Congreso de Estados Unidos.

Como todo gran emprendedor, su historia personal se mezcla con la de su compañía. Las dificultades vividas durante su infancia lo forjaron para ser quien es hoy: un luchador nato, dispuesto siempre a correr riesgos, como cuando dejó un buen trabajo en Wall Street para emprender su propio negocio en el garaje de su casa.

Bezos atribuye buena parte del éxito de Amazon a que él está dispuesto a correr riesgos. Los retornos más grandes le llegan cuando hace las cosas diferente y apuesta contra la “sabiduría convencional”.

El éxito fue posible, dice, porque en Estados Unidos existe la cultura de apoyar, y jamás estigmatizar a quien emprende un negocio. Quien toma riesgos sabe que es posible el fracaso, pero si así es, no será mal juzgado por los demás. Y, si es exitoso, más bien será muy bien visto por los otros.

Bezos también atribuye buena parte del éxito de Amazon al estar centrado en satisfacer a sus clientes. Mediante la innovación, procura entregar productos y servicios que darán la máxima satisfacción a los compradores, al costo más bajo posible. La experiencia de Bezos y Amazon, según mi manera de interpretarla, nos deja varias lecciones para nuestro país.

Primero, la necesidad de tener una cultura fomentadora del emprendimiento. En Costa Rica más bien tenemos la manía por crear trámites y trabas a quienquiera que emprenda un nuevo negocio. Si por casualidad alguno de esos emprendedores logra ser exitoso, la institucionalidad y la gente se encargarán de serrucharle el piso para que se venga abajo.

Existen muchos programas de apoyo para mipymes, cuando las empresas son pequeñas, pero cuando se hacen grandes se les castiga con más impuestos y más requisitos. En ese ambiente, son pocos quienes se atreven a emprender.

La otra lección es centrar la atención en los clientes. En nuestro país, el empresario pretende ganar cada día más sin satisfacer a sus clientes al costo más bajo posible, sino con la ayuda o protección del gobierno. Igual algunos funcionarios y políticos, quienes en lugar de servir a la ciudadanía se dedican a cultivar sus propios intereses. Si queremos prosperar, debemos cambiar de actitud.

El autor es economista.