
Hace unos días, vino a mi memoria aquel insólito episodio cuando Laura Fernández trazó unos garabatos en el aire para simular que estaba poniendo su firma en una ley.
El acto de prestidigitación, ocurrido el miércoles 10 de julio de 2024, fue captado por las cámaras de televisión durante el show semanal del presidente Rodrigo Chaves.
Ese día, el mandatario facilitó un bolígrafo a la entonces debutante ministra de la Presidencia para que rubricara la ley que declaró el 30 de julio como el Día del Voto Femenino.
La pluma nunca tocó el papel. El video evidenció la pantomima atestiguada por el gobernante y las ministras de Educación y de la Condición de la Mujer, que sí firmaron el documento.
Fernández no ofreció explicaciones ni, mucho menos, disculpas. Lo único que quedó claro fue el protagonismo que, desde ese momento, Zapote quería darle a ella.
Recordé este incidente el día en que doña Laura, ahora candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO), decidió que no participará en varios debates presidenciales.
Tal ha sido la tónica de la aspirante chavista durante esta campaña: alejarse de espacios no controlados donde no puede manejar la narrativa ni a sus interlocutores.
Podría ser que esta estrategia nazca del temor a exponerse a algún desliz o señalamiento que pudiera golpear su imagen en las últimas semanas del proceso.
También podría haber una pizca o mucho de soberbia, al percibirse tan arriba en las encuestas como para pensar que no vale la pena rebajarse a juntarse con los de abajo.
Su comando alega que la prioridad de la campaña es el contacto con la gente y no el acudir a espacios que puedan ser usados como tribunas de ataque y mentira.
Dicho argumento resulta inverosímil al provenir de una agrupación cuyo principal apóstol se ha dedicado a lanzar ofensas y falsedades durante los últimos años.
Pero también evidencia un menosprecio por un ejercicio de rendición de cuentas legítimo y necesario ante una sociedad que está a punto de elegir a su próximo presidente.
Confrontar ideas, debatirlas y defenderlas frente a los adversarios no puede ser visto como una pérdida de tiempo, sino como una valiosa oportunidad para fortalecer la democracia.
Las propuestas, el intercambio, la interacción, los gestos, los tonos, el lenguaje y hasta los zipizapes ofrecen información valiosa al votante, ya sea para tomar una decisión, consolidar la que ya tenía o abrir los oídos a otras alternativas.
El país se juega mucho el domingo 1.° de febrero. No se vale ir a pedir el voto y luego jugar a las escondidas para no dar cuentas.
