En diciembre pasado, el New York Times publicó un artículo de Noam Scheiber, que describe cómo los jóvenes son los más perjudicados por el trabajo virtual pospandemia al tener menos oportunidades de aprendizaje, de acceso a capacitadores y mentores, mayor pérdida de oportunidades de ascenso y alto desempleo.
Los datos me hacen reflexionar, pues he sido una de las muchas personas que siguió teletrabajando después de la pandemia y mi productividad aumentó, aprovecho mejor el tiempo por no tener que trasladarme y me desincentiva llegar a oficinas semivacías. Como contraparte, en la era presencial, tenía contacto personal con mis diferentes equipos y con nuevas personas, y esto me reafirmaba lo que siempre había sido para mí una verdad evidente: nada sustituye la calidez del contacto personal.
Teniendo esa verdad en mente, rememoré mis años de deportista y cómo los consejos y acciones de las más avanzadas eran invaluables lecciones, situación que repetí cuando comencé a trabajar y buscaba el consejo de las personas más experimentadas. Como estudiante y abogada principiante, fue un lujo aprender de los y las funcionarias judiciales veteranas. Igual me ocurrió como empresaria, cuando tomaba nota de buenas lecciones, incluso de contrapartes, en una negociación. Aún recuerdo convenientes prácticas que aprendí del doctor Marshal Hall, gerente de JP Group, con quien, hace más de 30 años, negociamos nuestros primeros contratos bananeros. Cada reunión era una cátedra.
Sin duda, ese contacto cercano tiene un gran valor: permite hacer preguntas; ver en acción a las personas más versadas y observar su lenguaje corporal; estar presente en “conversaciones informales” que luego facilitan la toma de decisiones importantes. También ayuda a darse a conocer cuando se es joven, practicar las llamadas habilidades blandas y establecer redes de contactos.
Considero que se debe estudiar la relación causal entre jóvenes que laboran en la virtualidad y el aumento del desempleo, pues, al carecer de la vivencia práctica, muchas empresas prefieren contratar a personas de mayor edad. Acá viene al caso mencionar el ejemplo de un joven hecho en lo virtual y dedicado al software: tenía un 20% menos de habilidades y un menor desempeño en comparación con personas de la generación anterior. Se debe repensar la virtualidad total.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.
