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La manipulación de Cerimedo y los algoritmos

Hechiceros vestidos de consultores siempre han existido. Pero las pócimas tecnológicas de que ahora disponen, diseñadas para explotar al máximo nuestras preferencias, prejuicios, filias y fobias, son sus grandes optimizadores

Eduardo Ulibarri Bilbao, periodista, analista y exdirector de La Nación
Eduardo Ulibarri Bilbao, periodista, analista y exdirector de La Nación Eduardo Ulibarri

Lo dijo Fernando Cerimedo, consultor argentino en las más turbias artes de la propaganda política, detenido en Bolivia por presunto intento de femicidio. Y aunque debamos dudar de alguien así, doy por buenas estas palabras:

“Que un posteo en Facebook se vea más, se viralice, no depende de enviarlo a muchas personas para que lo compartan, sino que el algoritmo vea que es un tema relevante. Entonces, con los trolls (sic), creamos esa relevancia artificial”, declaró a La Nación de Argentina hace tres años. Por desgracia, añado, para esos algoritmos –también de Instagram, X o TikTok– la relevancia es algo instrumental: aquello que genere atención, reacciones y tráfico entre sus consumidores. Los troles y sus amos son beneficiarios y, a la vez, aliados de este modelo de negocio.

Conclusión: si bien gente como Cerimedo y su hueste de manipuladores políticos, algunos cercanos al oficialismo criollo, son parte del problema, el gran impulso estructural lo dan los engranajes operativos automatizados de las plataformas digitales. Hechiceros vestidos de consultores siempre han existido. Pero las pócimas tecnológicas de que ahora disponen, diseñadas para explotar al máximo nuestras preferencias, prejuicios, filias y fobias, son sus grandes optimizadores. Este ha sido el gran salto cualitativo de la propaganda y la desinformación.

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