Columnistas

La incapacidad de pensar

Algunos electores demandan candidaturas hechas a su medida

“Es que a mí ninguno me convence totalmente, por eso no votaré”, escribe un tuitero, a propósito de la segunda ronda, poniendo en evidencia el comportamiento de cierto grupo de electores: la demanda de candidaturas exprés, a la medida.

Querer candidaturas que respondan las expectativas de cada uno tiene como germen su incapacidad para razonar.

Veo a muchas personas comportándose caprichosamente, exigiendo a quien quiera su voto que lo visite en su casa, se siente a hablar un buen rato y que le entregue un plan de gobierno que lo complazca en todo, como si fuera el ombligo del país y no existieran diferencias y necesidades variadas entre la población.

Pese a que esa gente —alguna de la cual se ve a sí misma como progresista— jura estar hablando en nombre de las poblaciones marginadas, en realidad son tan egoístas como quienes lo hacen por otras razones. Se trata, a mi parecer, de personas a las que les cuesta valorar lo que tenemos y suelen usar frases altisonantes, tales como “secuestro de la democracia”, “cárcel solo para los pobres”, “la policía es el enemigo”.

Es una población inconstante, que cambia de opinión ante la mínima contrariedad de sus anhelos y que no tiene disposición para ser flexible como para distinguir entre aspectos fundamentales y superfluos, es decir, una clase de votantes que no están dispuestos a ceder un ápice.

En las redes leo comentarios, por ejemplo, sobre el error imperdonable de que un candidato incluya las religiones en el diálogo nacional, como si Costa Rica no fuera un país plural y no diera cabida a creyentes y no creyentes, ignorando que la religión ha desempeñado un papel contradictorio: de culpar y llamar a la resignación, al silencio y la complicidad de crímenes, y de apoyo afectivo y emocional para gente que no tiene ningún otro recurso.

Grow up!, como se dice en la cultura estadounidense. ¡Maduren! Está en juego el futuro de nuestro sistema democrático, nuestra institucionalidad y el lugar que tenemos las mujeres. ¿De verdad no pueden dejar pasar nada? Y si no es exactamente como quieren, ¿votarán en blanco, nulo o no lo harán?

Entiendo perfectamente que, dada la calamidad del vínculo social, los animales se han vuelto un apoyo emocional para alguna gente, pero a veces pienso que es posible que estén hablando demasiado con los gatos y los perros, y se hayan olvidado de los seres humanos.

Tracemos una línea y razonemos sobre cuál candidato cumple ese mínimo. Para mí, mujer que se gana la vida pensando, una de esas líneas está dada por los rumores frente a los hechos: no atiendo los primeros, me fío de los hechos comprobados, lo hago y, con ello, defiendo nuestro sistema de gobierno, a pesar de sus flaquezas.

No, amigas y amigos, no se trata de que algún candidato nos convenza “totalmente”, la democracia no es un derecho pasivo, es un ejercicio de ida y vuelta. Nuestra parte consiste en pensar —para lo cual debemos informarnos en fuentes variadas y confiables—, no esperar ofrendas a los pies de nuestro trono.

isabelgamboabarboza@gmail.com

La autora es catedrática de la UCR. Siga a Isabel en Twitter y Facebook

Isabel  Gamboa Barboza

Isabel Gamboa Barboza

Doctora en estudios culturales y sociales, dedicada a la docencia universitaria y a la investigación del sufrimiento y el vínculo social, las desigualdades entre mujeres y hombres y los discursos culturales acerca de la pobreza, la salud, la enfermedad y el poder, entre otros.

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