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La estrategia nuclear y el fin de la guerra en Ucrania

Aunque no tenga un papel directo en la guerra de Ucrania, es conveniente que la OTAN desempeñe un papel en el fomento de las negociaciones encaminadas a ponerle fin

Es hora de hacer esfuerzos más osados para lograr la paz en Ucrania. La guerra, como el fuego, puede extenderse sin control, y, como el presidente Putin no deja de recordarnos, esta conflagración en particular tiene el potencial de iniciar una guerra nuclear.

Hace apenas unas semanas, en una conferencia de prensa conjunta con el presidente de Bielorrusia, Putin anunció que Rusia transferiría misiles Iskander M a Bielorrusia. Estos misiles pueden transportar cabezas nucleares y, al parecer, la medida pretende imitar los acuerdos de distribución de material nuclear que Estados Unidos tiene con cinco aliados de la OTAN: Bélgica, los Países Bajos, Alemania, Italia y Turquía.

Las armas nucleares estadounidenses se introdujeron en Europa en la década de los cincuenta, como medida provisional para defender las democracias de la OTAN, cuyas fuerzas convencionales eran débiles.

El número de armas nucleares en esos cinco países alcanzó un máximo de 7.300 cabezas en los años sesenta, y luego se redujo a unas 150 en la actualidad, lo que refleja la creciente importancia que la OTAN le otorga a su fuerza convencional en contraste con la decreciente utilidad militar atribuida a las armas nucleares. Ahora bien, incluso 150 armas nucleares podrían ser más que suficientes para provocar una peligrosa confrontación con Rusia.

El mundo está hoy tan cerca del abismo nuclear como lo estuvo durante la crisis de los misiles en Cuba. De hecho, los riesgos nucleares contemporáneos son más grandes. Mientras que la crisis de los misiles de Cuba duró solo 13 días, los combates en Ucrania probablemente continuarán durante muchas semanas o meses más.

Por lo tanto, las negociaciones son esenciales para desactivar las tensiones nucleares. Aunque no tenga un papel directo en la guerra de Ucrania, es conveniente que la OTAN desempeñe un papel en el fomento de las negociaciones encaminadas a ponerle fin.

Dado que la OTAN es una fuerza militar enormemente fuerte, más fuerte incluso que la Rusia de Putin, y dado que el presidente Putin ha dicho que la guerra en Ucrania es en parte una respuesta a las acciones de la OTAN, el llamamiento de la OTAN a las negociaciones de paz tendría mucho peso.

También estaría en consonancia con las obligaciones de los Estados miembros de la OTAN en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear. Los líderes de la OTAN reunidos en Madrid reafirmaron recientemente: “El Tratado de No Proliferación Nuclear es el baluarte esencial contra la propagación de las armas nucleares, y nosotros seguimos firmemente comprometidos con su plena aplicación, incluyendo el artículo VI (que compromete a los Estados con armas nucleares a perseguir el desarme nuclear)”.

Este compromiso incluye, según el informe de la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación del 2000, “un papel cada vez menor de las armas nucleares en las políticas de seguridad, a fin de minimizar el riesgo de que estas armas lleguen a utilizarse y facilitar así el proceso de su total eliminación”.

La OTAN tradicionalmente ha mantenido una fuerte disuasión y defensa, al tiempo que ha liderado el camino hacia la distensión y el diálogo. El compromiso actual de la OTAN con la disuasión y la defensa está claro, pero para reanudar las conversaciones, la OTAN debe ahora encontrar también la forma de fomentar la distensión y el diálogo.

Hacer que ambas partes vuelvan a dialogar requerirá un gesto dramático. Esta es la razón por la cual proponemos que la OTAN retire todas las cabezas nucleares estadounidenses de Europa y Turquía, como paso previo a las negociaciones. La retirada se llevaría a cabo una vez que se acuerden las condiciones de paz entre Ucrania y Rusia. Esta propuesta llamaría la atención de Putin y podría llevarlo a la mesa de negociaciones.

El retiro de las armas nucleares estadounidenses de Europa y Turquía no debilitaría militarmente a la OTAN, ya que las armas nucleares tienen poca o ninguna utilidad real en el campo de batalla. Si son realmente armas de último recurso no hay necesidad de desplegarlas tan cerca de la frontera con Rusia.

Según nuestra propuesta, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos conservarían sus arsenales nucleares nacionales y, si ocurriera lo peor, podrían seguir utilizándolos en nombre de la OTAN.

A pesar de que han transcurrido 70 años sin una gran guerra, no es posible que la disuasión nuclear dure para siempre. Esta solo funciona siempre y cuando los seres humanos tomen las decisiones correctas. Sin embargo, como todos sabemos, los seres humanos no somos perfectos y solemos cometer errores.

Por ello, estamos de acuerdo con el secretario general de la ONU, António Guterres, cuando dijo: “Estas armas ofrecen falsas promesas de seguridad y disuasión mientras que solo garantizan destrucción y muerte…”; con el papa Francisco, quien dijo: “(Las armas nucleares) existen al servicio de una mentalidad de miedo que afecta no solo a las partes en conflicto, sino a toda la raza humana”; y con el senador estadounidense Alan Cranston, cuando afirmó: “Las armas nucleares no son dignas de la civilización”.

El arsenal nuclear de la OTAN no logró disuadir la invasión rusa de Ucrania y casi no tiene utilidad como arma de guerra. No obstante, las armas nucleares de la OTAN aún pueden tener un buen uso, no haciendo uso de ellas, sino retirándolas para dar espacio a nuevas negociaciones que nos conduzcan a la paz.

Óscar Arias, premio nobel de la paz, fue presidente de Costa Rica de 1986 a 1990 y del 2006 al 2010.

Jonathan Granoff, presidente del Instituto de Seguridad Global, ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz.

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