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La columna de Irene Vallejo: La larga vigilia de los que sueñan con dormir

Escuchas pasos, ladridos lejanos, el susurro del tráfico o del viento. Una lenta procesión de horas va pasando; la ansiedad crece: qué será de ti mañana sin apenas dormir

Irene Vallejo, escritora y filóloga española
"Nos desvela esta jungla donde las redes están siempre incendiadas, donde se esgrimen frentes y afrentas, donde los celulares acechan en nuestras mesillas como armas de exaltación masiva", reflexiona la escritora Irene Vallejo. Toni Galán

“Hora de dormir”, dices, aunque tu lucha contra el insomnio es un largo historial de derrotas. El niño de seis años te sigue a regañadientes. Nunca quiere acostarse, se siente expulsado de la noche de los adultos, de la vida secreta que empieza cuando lo arropas y apagas la luz, ese país prohibido a la infancia. Tiernamente, os envidiáis la una al otro. Él no sabe, no podría creer, que al escuchar la cadencia regular de su respiración entrarás de puntillas a observarlo en la penumbra alumbrada por una lamparita quitamiedos. Cada noche lo contemplas mientras duerme, con el deseo de ocupar su lugar, de que su cuerpo y su paz vuelvan a integrarse en ti, de ser otra vez su cuna de carne, tranquila compañera de sus sueños. A eso dedicas –a espiarlo– la formidable libertad nocturna que el niño tanto codicia. ¿Siempre será así la envidia –te preguntas– un malentendido, un error por desconocimiento, un juego de celos mutuos?

Más tarde, también los mayores os acostáis. Buenas noches, susurra K, te besa, te abraza y se ovilla en la misma quietud del niño. Los dos han superado la alambrada; te quedas sola a este lado de la frontera. Bebes el aire con sorbos hondos. Bocarriba, inmóvil, empiezas a contar hasta mil para vaciar la mente. No pienses en el artículo que debes escribir por la mañana, olvida el miedo a no estar a la altura. Te concentras en la letanía de números, aunque sabes que no engañarás al insomnio a fuerza de ignorarlo. Escuchas pasos, ladridos lejanos, el susurro del tráfico o del viento. Una lenta procesión de horas va pasando; la ansiedad crece: qué será de ti mañana sin apenas dormir.

Mujer con insomnio, problemas de sueño
Bocarriba, inmóvil, empiezas a contar hasta mil para vaciar la mente. Te concentras en la letanía de números, aunque sabes que no engañarás al insomnio a fuerza de ignorarlo. (Julia Galuzinskaya/Shutterstock)
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